Estudios en homenaje al Dr. Gilberto Sánchez Cabezas

221 D esplazamiento lingüístico y revitalización …/ Jorge Vergara et al. un monolingüismo en la lengua indígena. En segundo término, se pasa por un bilingüismo sin diglosia con competencia por dominios y, en tercer y último lugar, hay un predominio del monolingüismo en español, con espacios socio- lingüísticos aislados de vitalidad en la lengua nativa. Le siguen al mapudungun tres lenguas que se entienden como “lenguas en vías de extinción” (Leclerc 2011: s.p). Esto significa lenguas con hasta mil hablantes: el aymara 74 , el rapanui 75 y el quechua 76 . Respecto a los estudios so- ciolingüísticos que se han llevado a cabo del aymara, prácticamente no hay hablantes monolingües 77 . El hecho de haberse movilizado la población ayma- ra de la cordillera a la costa produjo un proceso de aculturación que afectó a la lengua 78 . Como sea, hay que hacer la salvedad de que las dinámicas lingüísti- cas y culturales más favorables en ciertos espacios permitirían la mantención del aymara. Tómese el caso del altiplano, en donde el uso de la lengua nativa se ve estimulado por la cercanía de población aymara hablante al otro lado de la frontera, con la cual existe un activo intercambio económico. A su vez, 74 Parte de la familia lingüística jaqi (Sánchez 1996). Esta familia posee tres lenguas: el ayma- ra propiamente tal, el cauqui y el jaqaru, estas dos últimas habladas en Perú (cfr. Adelaar y Muysken 2004: 612). A su vez, para Briggs (1993), el aymara se divide en aymara del nor- te, sur y otro grupo intermedio con una serie de dialectos hablados en Perú. El aymara chi- leno es el aymara del sur, compartido con algunas zonas de Bolivia como Oruro y Potosí. 75 No forma parte de las lenguas andinas, pues es una lengua polinésica, de la familia austroné- sica, por lo que sería extracontinental (Sánchez, 1996). 76 También conocido como runa simi, “lengua de seres humanos, gente” (Sánchez 1996: 73). 77 El estudio de Gundermann et al. (2007), el cual se llevó a cabo el año 2003, concluye que un 48,5% del total declara tener una competencia baja en aymara; un 20,6% tiene una compe- tencia media y un 30,9% declara tener competencia alta. Los resultados son producto de una muestra representativa de 181 personas en 7 comunas rurales de la provincia de Parinacota y de Iquique. A su vez se puede determinar que en la generación de los abuelos de la población aymara actual, un 62,12% era monolingüe aymara y un 30,05% era bilingüe español-aymara. Al sumar ambos porcentajes se determina que un 92,17% de esta generación hablaba aymara preferentemente como única lengua o junto con el español. En cambio, al analizar la gene- ración de los padres, el monolingüismo aymara descendió bruscamente a un 25,5% y el bi- lingüismo español-aymara se elevó casi en la misma proporción a un 57,2%. Sin embargo el cambio no es drástico, puesto que ambos suman un 82,3% de hablantes de aymara. Empero, la cifra desciende 17 puntos en vez de 10 con la generación actual, la que declara tener com- petencia exclusiva en español en un 34,3% en vez del 17,2% de sus padres y el 7,82% de sus abuelos. Un 65,7% declara tener competencia en aymara, lo que representaría un descenso de un 21% respecto de sus padres. 78 Gilberto Sánchez (1996: 73) da cuenta de que los aymaras habitan en tres pisos ecológicos: el altiplano, valles y quebradas de la precordillera y la costa. Al moverse hacia la costa, que es la zona urbana en el norte chileno, los hablantes de aymara “han comenzado a abandonar- lo y están adoptando el español” (Sánchez, 1996: 73). De seguir la división mencionada por Sánchez, los porcentajes cambian según los pisos ecológicos y “crece exponencialmente a medida que se asciende a los espacios altoandinos” (Velásquez, 2013: 40), de esta forma, un 95,2% posee esta competencia en el altiplano, frente al 61,2% en la precordillera y un 38,6% en zonas de “valles bajos, oasis y pampa” (Gunderman et al. 2007).

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