Estudios en homenaje al Dr. Gilberto Sánchez Cabezas
218 E studios en homenaje al doctor G ilberto S ánchez C abezas interpretarse como el resultado de una relación entre los hablantes como suje- tos activos ligados a ciertas formas de vida. Ahora bien, la relación entre lengua y sociedad es siempre compleja y, por ello, no se puede “establecer una serie de correspondencias término a término entre el lenguaje y la cultura considerada como el conjunto de datos relativos a una determinada sociedad” (Lévi-Strauss [1974] 1995: 124). Ello constituiría “un error lógico”: confundir la parte con el todo. En efecto, se debe mostrar vínculos específicos “entre determinados aspectos y en ciertos niveles” ( ibí- dem ) o, dicho de otra manera, entre ciertas condiciones sociales y culturales y ciertos ámbitos lingüísticos. En el caso que nos ocupa, se puede identificar cuatro factores principales en el desplazamiento y la pérdida de vitalidad de las lenguas indígenas: i) político; ii) prestigio social; iii) reducción de los ámbitos de habla y iv) disminución de la transmisión intergeneracional. En lo que concierne al factor político, en primer lugar, y tal como ya se ha hecho referencia anteriormente, hasta hace algunas décadas, las lenguas indí- genas gozaban de nulo o escaso reconocimiento por parte de los respectivos Estados hispanoamericanos, cuyas políticas lingüísticas promovían el mono- lingüismo en español. En segundo lugar, esto se ha acompañado casi siempre de un muy bajo prestigio social de dichas lenguas, tenidas como “bárbaras e inhumanas” (Moreno, 2000: 197). De esta forma, adquirieron el estatus de len- guas minorizadas , por lo que se redujo considerablemente su uso en los ámbi- tos del habla. Así ocurrió en España con las lenguas que no eran castellano bajo el régimen de Franco, como el catalán y el euskera, pese a que eran habladas por comunidades económica y culturalmente desarrolladas (Azurmendi et al , 2001: 236). En tercer lugar, como resultado de lo anterior, las lenguas indíge- nas fueron perdiendo progresivamente muchas de sus funciones instrumen- tales y simbólicas y se redujeron sus ámbitos de habla en favor de la lengua dominante, en este caso el español. Por último, en cuarto lugar –y lo que es lo más importante–, se produjo un repliegue de la transmisión generacional y en el uso de la lengua (Crystal, 2001: 33-34). Volvemos a insistir en nuestra tesis: la revitalización lingüística solo puede comenzar entre los propios hablantes indígenas, creando y recreando nuevos espacios de uso y aprendizaje. Dichas experiencias podrían proyectarse exitosamente en el espacio público con el apoyo gubernamental, sea en la educación o en la comunicación oficial, entre otras, como fue el caso de algunas lenguas minoritarias o regionales europeas (como el vasco, gallego y catalán, entre otras lenguas regionales en España, por solo dar un ejemplo). Existen, al menos en el caso de la lengua mapuche, algunos avances al respecto, que reseñaremos más adelante.
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