Estudios en homenaje al Dr. Gilberto Sánchez Cabezas
110 E studios en homenaje al doctor G ilberto S ánchez C abezas sus sistemas terminológicos y morfosintácticos era una vía para acceder a la cultura de ese pueblo. Es por esto que la revisión historiográfica de la discipli- na identifica este primer gran momento o paradigma (incluidos tanto el mo- mento particularista como el cognitivo, ambos parte de un modelo formalista de las lenguas y la comunicación) como marcada por una concepción de la cul- tura como lenguaje (Duranti 2003). Esto se vio reflejado en las investigaciones enmarcadas en la tradición (neo)etnográfica estadounidense y cognitiva de en- tonces, en los trabajos de autores como Tyler, Lounsbury, Conklin, entre otros (Frake 1961, Lounsbury 1956, Berlin, Breedlove y Raven 1968). Un segundo momento en el desarrollo de la Antropología lingüística, en la segunda mitad del siglo xx , va a estar asociado con cambios importantes en la Antropología y la emergencia –no obstante mantenerse en vigencia las miradas generativistas– de corrientes de corte funcionalista en Lingüística (Butler 2006, Newmeyer 2010), corrientes que consideraban como centrales dimensiones relativas al uso y al contexto en la descripción de las lenguas, además de sus núcleos formales. En este punto, el diálogo intertextual pro- dujo los desarrollos de los enfoques sistémico funcionales o de la Pragmá- tica lingüística. A su vez, estos modelos en Lingüística tenían su fuente en la incorporación de matrices que provenían desde la Teoría Social misma, tales como la Fenomenología de A. Schutz y, asociadas con esta, la Etno- metodología y el Interaccionismo simbólico (Harrington 2005). Además, la Antropología misma había entrado en un proceso de cuestionamiento a la representación etnográfica clásica, en cuanto a su conexión con la empresa colonialista, su compromiso positivista y la idea de que solo los indígenas eran los “diferentes” y, por tanto, su objeto de estudio era excluyente por an- tonomasia. Se comprende así que la cultura está en todos y todas partes (en una comunidad selvática en el Amazonas pero también en una hinchada de fútbol o una sala de pacientes críticos en un hospital, por ejemplo) y, por tan- to, su relación con el fenómeno del lenguaje, las lenguas y la comunicación, también. Así, a partir de la obra de autores trascendentales como Gumperz y Hymes, la Antropología lingüística pasa a un segundo gran momento o paradigma, buscando entender y estudiar al lenguaje como cultura (Duranti 2003), es decir, a estudiar al lenguaje y las lenguas como sistemas que es- tán construidos, representados y usados de acuerdo con pautas y reglas cul- turalmente determinadas. Con ello, la rama disciplinaria alcanza un estatus más contemporáneo, dejando las tradiciones asociadas a la denominación de “Etnolingüística” 28 más bien a un espacio histórico cargado de sesgos etno- céntricos y compromisos con la industria y explotación colonial, una etapa 28 Teillier en su revisiòn (2016) da cuenta de que autores como Coseriu, la escuela filosófica de Lublin, Haarman, Haugen o Lastra hacen uso de esta denominación, muy común en la épo- ca inicial del área, por lo demás, pues hacen un mismo universo conceptual acerca de lo que eran el lenguaje y la cultura.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=