Estudios en homenaje al Dr. Gilberto Sánchez Cabezas

108 E studios en homenaje al doctor G ilberto S ánchez C abezas por qué lo considera un campo de la Lingüística, pese a que su concepto ma- triz, según reconoce, es el de “cultura”, propiamente antropológico. Tampoco menciona a uno de los aspectos centrales en la definición de lo antropológico, esto es, el trabajo etnográfico como sello de la investigación en el área. De esta manera, no parece haber ninguna explicación, ni histórica ni disciplinaria, acerca de su emergencia y desarrollo, que justifique el uso de una denomina- ción como aquella. Teniendo en cuenta esta premisa, debemos asumir que lo que se dice en general, sobre todo desde la Lingüística, acerca de la Antropología lingüística (también llamada Etnolingüística o incluso Lingüística antropológica, como vimos) es bastante laxo y general, partiendo por su conceptualización como “interdisciplina”. Con respecto a esta noción y carácter –“interdisciplinar”–, ella remite a la de integración, es decir, a la síntesis y conexión de ideas, méto- dos, conceptos y teorías de dos o más disciplinas (Reiki et al., 2016). Apartir de esto, entonces, valdría la pena preguntarse por cuál es el grado de integración –en un sentido riguroso– que existe entre las tradiciones teóricas y metodoló- gicas de las demás Ciencias Sociales con las llamadas áreas “interdisciplina- rias” en Lingüística. Una pregunta que no nos corresponde responder en este artículo, pero que, por cierto, merecería ser desarrollada a futuro. Para el caso de la Antropología lingüística, la precisión que corresponde hacer es que esta es una rama o subdivisión de la Antropología, al menos en la concepción que de ella se forjó desde la tradición boasiana 25 (asociada a la obra de Franz Boas) de comienzos del siglo xx en Estados Unidos (Martínez Hernaes 2011) y que, a grandes rasgos, sigue siendo predominante a nivel global hasta la actualidad. Así, su concepción como ámbito interdisciplinario corresponde más bien a una apropiación discursiva de ciertas comunidades científicas ligadas al estudio del lenguaje antes que a una construcción interdisciplinaria históricamente efectiva. Tal como se señaló en la Sección I de este escrito, como rama o línea de investigación en los márgenes de una disciplina mayor, la Antropología lin- güística surge en el marco de la tradición particularista boasiana en Estados Unidos, como parte de la concepción de la disciplina subdividida en cuatro ramas principales, esto es, una cultural, una arqueológica, una biológica/física y una lingüística. Ciertamente, dado el momento histórico en el que se encon- traba la Antropología en ese entonces, se asumió que el objeto de estudio liga- do a la rama lingüística de ella debía tratar con las lenguas indígenas o de las comunidades “extrañas” a las que las potencias coloniales creían tener derecho a acceder en tanto su propiedad. Ese era su laboratorio humano. Es por esto que a esta tradición inicial se la identificó con la denominación de “Etnolin- güística” 26 , pues cargaba con el sesgo etnocéntrico que aún campeaba en la An- 25 En alusión a la obra de Franz Boas, padre de la Antropología en Estados Unidos. 26 En el siglo xix , en sus orígenes, la tradición que más adelante se denominaría como Antro- pología se denomina Etnología, en tanto estudio comparado de los pueblos, igualando la idea de “etnia” a los grupos culturalmente extraños para los europeos.

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