Estudios en homenaje al Dr. Gilberto Sánchez Cabezas

106 E studios en homenaje al doctor G ilberto S ánchez C abezas entonces con el desarrollo de la Lingüística. Si bien la Antropología lingüística se hizo parte de este giro pragmático y funcionalista en Lingüística, sobre todo con la Etnografía del habla de Dell Hymes (Blommaert 2009), la misma dis- ciplina antropológica estaba más bien abocada a la crítica de la representación etnográfica (Clifford y Marcus 1986), a cuestionar su origen y pasado colonial, deconstruir la visión esencialista de la cultura que ella misma había erigido, y comenzar a abrirse efectivamente a estudiarla como un fenómeno humano (no solo en lo “indígena”), no neutro, y eminentemente político y heterogéneo. Se asentaron, a su vez, enfoques más simbólicos e interpretativos del concepto de cultura (Geertz 1973), que confluyen en enfatizar la necesidad de una Antro- pología que redefina su lugar y rol en la sociedad. Esto dio espacio para que, a su vez, surgieran discusiones en torno a la existencia de Antropologías , por ejemplo, que se realizan en el “sur” –local o global–, rescatando las particula- ridades que existen al desarrollar la ciencia en otros contextos históricos socia- les distintos a los de tradición europea, lo que subvertía, por cierto, la imagen de la Ciencia clásica que siempre dominó en Ciencias Sociales (Krotz 2005). Es en este punto que se instala una bifurcación entre la Lingüística y las demás ciencias sociales. Muy probablemente, la razón de la ausencia de este proceso de reflexión crítica a este respecto en la Lingüística, en sus corrientes y mode- los hegemónicos de corte positivista, se debe a una carencia de espesor episte- mológico y filosófico tanto en nuestra actividad investigativa como formativa. Carencia vinculada también al peso de una concepción óntica del fenómeno lingüístico, esto es, como natural/orgánico, lo que ha llevado a invisibilizar los sujetos, comunidades y al/la mismo/a investigador/a como agente crítico y de transformación disciplinaria y social (Espinoza y Olate 2023). Esto, por cierto, a nivel de las “tradiciones discursivas” (Kabatek 2005, Espinoza y Olate 2023) hegemónicas en la disciplina, sobre todo de aquellas de corte más bien forma- lista, y que históricamente se han ubicado en un espacio de confort epistémico en donde el eje del equilibrio y la estructura son los que definen su observación y descripción y no existe mayor cuestionamiento al rol social/político de la Lingüística ni a sus mecanismos de producción de conocimiento (Lagos 2024). No obstante esto, a nivel contrahegemónico existen autores y áreas que apun- tan a tal cuestionamiento y autoobservación, en áreas como la Sociolingüística crítica (Kress 2001, García, Flores y Spotti 2016, Heller, Pietikäinen y Pujolar 2017, Espinoza 2019, Olate et al., 2017); Antropología lingüística (Cameron 2007, Dobrin y Brenson 2011, Kroskrity 2016); Metalexicografía (Rojas 2013, Chávez 2019, 2021); Lingüística aplicada crítica (Makoni y Pennycook 2005, Pennycook 2010); Glotopolítica (Del Valle 2013, Rojas y Avilés 2015, Alva- rado 2020), entre otras.

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