Estudios en homenaje al Dr. Gilberto Sánchez Cabezas

104 E studios en homenaje al doctor G ilberto S ánchez C abezas Antropología británica –identificada con los trabajos de Malinowski, pionero en Antropología al realizar trabajo etnográfico– surgen dos grandes escuelas y tradiciones que van a trazar vasos comunicantes con la teoría lingüística, marcando sin duda la mayor interconexión entre ambas disciplinas: el parti- cularismo histórico, iniciado por F. Boas, y el estructuralismo antropológico de C. Levi-Strauss. Este último fue un programa científico surgido explíci- tamente a partir de la aplicación de las ideas del estructuralismo saussureano al estudio de la cultura humana, toda vez que el antropólogo de origen belga propuso entender a la cultura como un sistema semiótico. Así lo aplicó tanto en la descripción y explicación de los sistemas terminológicos de parentes- co, basado en los principios del estructuralismo fonológico de la Escuela de Praga, como en el análisis estructural de los mitos, basado en las ideas saus- sureanas de sintagma y paradigma (Lévi-Strauss 1972, Landaburu J. 2010). Con este enfoque, Lévi-Strauss buscó mostrar la identidad teórica y metodo- lógica que existía entre Lingüística y Antropología 24 , en tanto sus objetos –la lengua y la cultura– compartían una naturaleza común. Mismo planteamien- to que animó a Franz Boas (1911) a abogar por considerar que el camino por antonomasia para llegar a la explicación última del “fenómeno etnológico” –la cultura–, dada su naturaleza inconsciente, era el lenguaje. Por tanto, resul- taba evidente la conexión de su propuesta etnográfica y antropológica con los desarrollos que en ese entonces existían en el Distribucionalismo, en la nacien- te Lingüística en Estados Unidos. Es por esto que estas dos escuelas, fundantes del pensamiento antropológico moderno, miraron hacia la Lingüística como modelo epistémico, teórico y metodológico. De estas tres tradiciones teóricas fundantes en Antropología –particula- rista, funcionalista y estructuralista–, la escuela particularista histórica, que se asentó en Estados Unidos, de la mano de la pionera obra y visión de Franz Boas, vino a significar algún grado de avance en reconocer que el objeto de estudio, la cultura, requería de ser descrito en su particularidad. Constituyó así un primer paso para eliminar o, al menos, morigerar los sesgos etnocén- tricos que caracterizaron toda la etapa temprana del concepto de cultura y las investigaciones que se hacían en torno a ella. Esto, además, representó un im- portante impulso a la necesidad de avanzar en una visión empírica de la inves- tigación en Antropología, en el sentido de acceder a información de primera mano a partir de trabajo etnográfico en terreno. Por cierto, el influjo de Boas también implicó instalar ambas características –la orientación particularista y de campo– en la versión del estructuralismo lingüístico en Estados Unidos, en autores tan relevantes como E. Sapir y L. Bloomfield (Monaghan 2017). Es precisamente en esta confluencia de los intereses antropológicos y lingüísticos 24 Para Lévi - Strauss, de hecho, la Lingüística debía ser considerada como un modelo episté- mico que debían seguir todas las ciencias sociales. Cf. “El análisis estructural en lingüística y en antropología” en “Antropología estructural” (Lévi-Strauss 1974)

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=