Universidad de Chile. Heredera de 150 años de enseñanza superior agronómica
19 UNIVERSIDAD DE CHILE: HEREDERA DE 150 AÑOS DE ENSEÑANZA SUPERIOR AGRONÓMICA El aporte, en términos de la cultura, de esta uni- versidad fue significativo, como señala el historiador Fernando Campos Harriet; de sus aulas “ se graduaron alumnos esclarecidos como don Alonso de Guzmán y Peralta, prestigioso jurista; el Dr. Manuel Alday y Aspée, después célebre Obispo de Santiago; Arturo Rodríguez Venegas, gran benefactor del Convento de las Trinitarias [...] ” y el eminente naturalista Juan Ignacio de Molina. En Chile sólo existían actividades educativas aisla- das que no llegaron a constituirse en un sistema general de enseñanza. Los colegios jesuitas implementaron la pedagogía ignaciana por primera vez en Chile, un sistema general que contribuyó al desarrollo de una educación más organizada en el país. 6 Pero los colegios establecidos sólo daban instrucción eclesiástica: Teología, Filosofía escolástica, gramática latina. Podían otorgar bachillerato en Artes y Teología; licenciaturas y Master of Arts y Doctorado en Teología. Poseer educación superior era requisito indispensable para obtener buenos cargos para los criollos nacionales en labores eclesiásticas, militares, administrativas o gubernamentales. Como las universidades eclesiásticas no otorgaban esos títulos, debían ir a Lima, a la Real Universidad de San Marcos para obtenerlos. La Universidad funcionó ininterrumpidamente durante 43 años, hasta que el terremoto y maremoto, ocurridos en Concepción el año 1751, destruyeron por completo sus dependencias. La labor educacional universitaria de la diócesis se reanudó un siglo más tarde, con la apertura de la sede Talcahuano de la Pontificia Universidad Católica de Chile (21 de junio 1888, para posteriormente pa- sar a erigir la Universidad Católica de la Santísima Concepción el 10 de julio de 1991). Eso obligó a crear la Universidad de San Felipe en Chile, por decreto real del Rey Felipe V y, aunque bajo el patronaje de la corte española, su funcionamiento es- taba a cargo de la iglesia, porque no existían civiles con conocimientos y grados académicos para dirigirla. Se ofrecía Teología y Filosofía, Jurisprudencia, Medicina y Matemáticas. 7 ⁵ Roberto Mellafe, 1994. Percepciones y representaciones colectivas en torno a las catastrofes en Chile. 1555-1956. En: Rolando Mellafe y Lorena Loyola, La memoria de América colonial. inconciente colectivo y vida cotidiana. Santiago, Universitaria. ⁶ Jaime Valenzuela Márquez. Relaciones jesuitas del terremoto de 1730: Santiago, Valparaiso y Concepción. Instituto de Historia Colonial PUC. ( jvalen- zm@uc.cl ) A principio del siglo XVII, los jesuitas celebraron un primer congreso provincial en Santiago. Se acordó renunciar al derecho de las encomiendas y establecer el sistema de inquilinaje , que significaba tener familias en porciones de tierra asignada con una remuneración; además utilizaban para sus predios la esclavitud de personas de raza negra. Con la expulsión de los jesuitas del reino de España y sus posesiones en 1767 quedaron libres 2000 personas de raza negra. La introducción del inquilinaje facilitó la formación del personal y sus descendientes en las escuelas agrí- colas y artesanales que establecieron. La población indígena recibía educación religiosa y se les enseñaba rudimentos de lectura, escritura y varios oficios: carpin- tería, cerámica, zapatería, tejido, curtiembre, construc- ción de botes, herrería, sastrería y trabajos agrícolas. Los jesuitas alemanes, que llegaron a establecerse en Chile en el siglo XVIII, incluyeron otros oficios: joye- ría, relojería, pintura, construcción (especialmente de iglesias y catedrales); con sus sistemas educacionales, los jesuitas contribuyeron en esa época a iniciar el desarrollo económico de Chile. Con la expulsión de los jesuitas, sus más de 50 ha- ciendas quedaron sin actividades, ni personal directivo de reemplazo. Con estas haciendas, cultivadas por los jesuitas por casi 200 años (1570-1767), las más fértiles y productivas de Chile, y sus industrias anexas paraliza- das, se tuvo como consecuencia, en 1770, una violenta declinación económica en Chile, debido en gran medi- da a la paralización de estas actividades productivas. En este período colonial, es notable la contribución de dos jesuita chilenos: Alonso de Ovalle (nacido en Santiago en 1603 y fallecido en Lima en 1651) quien escribió la primera descripción sobre Chile: Histórica relación del Reino de Chile, publicada en italiano y castellano en Roma en 1646; y la contribución de Juan Ignacio Molina (nacido en Linares en 1740 y fallecido en Boloña en 1829), que es enorme y variada. Sus escritos básicos publicados en Boloña son: Historia geográfica natural y civil del Reino de Chile (1776) y Saggio della storia civile dal Cile (1787). A fines del siglo XVIII se fundó, gracias a la inicia- tiva de Manuel de Salas (1754-1841), la Academia de
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