Policy Brief - Buen trato en la docencia clínica: Recomendaciones para fortalecer e implementar la Norma de Sana Convivencia y Protección de la Salud Mental en Campos Clínicos

8 En conjunto, estos modelos coinciden en que la calidad educativa en salud depende de po- líticas que articulen el buen trato, la formación pe- dagógica, el bienestar emocional y la evaluación del desempeño docente. La evidencia sugiere que las instituciones que han incorporado estos com- ponentes han logrado reducir el burnout y mejo- rar la retención estudiantil (Blackmore et al., 2022; Branch & Frankel, 2016). Del mismo modo, organis- mos como el General Medical Council, la World Fe- deration for Medical Education y la OMS coinciden en que el aprendizaje clínico debe desarrollarse en entornos éticos, inclusivos y emocionalmente segu- ros, y advierten que las prácticas docentes abusi- vas afectan tanto la salud mental del estudiantado como su futura relación con pacientes y equipos de salud (GMC, 2019; WFME, 2023; OMS, 2021; Ramani et al., 2019). En contraste, en Chile la implementación de estos principios ha sido todavía parcial y fragmen- tada. El problema no radica en la ausencia de nor- mas, sino en la falta de operacionalización pedagó- gica, de criterios comunes entre instituciones y de mecanismos sistemáticos de monitoreo. Si bien las universidades han avanzado en protocolos de pre- vención y denuncia de la violencia, las políticas for- mativas integrales orientadas a fortalecer entornos clínicos respetuosos siguen siendo menos frecuen- tes. A ello se suma que los procesos de acreditación no incorporan de manera consistente indicadores sobre el clima de aprendizaje ni sobre la formación pedagógica docente, lo que contribuye a reprodu- cir desigualdades entre programas, instituciones y territorios (CNA, 2024). En este escenario, la tutoría clínica se con- vierte en un punto crítico no solo por su peso en la experiencia formativa, sino también por su capaci- dad para modelar prácticas profesionales futuras. El buen trato en la formación clínica no puede enten- derse únicamente como una medida de convivencia o de salud mental, sino como una política educativa de largo alcance, con efectos directos sobre la cali- dad de la atención y la construcción ética del futuro profesional de la salud. El modelaje docente, en sus dimensiones formales, informales y ocultas, consti- tuye uno de los mecanismos más influyentes de la formación profesional: cuando es positivo, fortalece la empatía y el compromiso ético; cuando es nega- tivo, erosiona los valores profesionales y humanísti- cos (Passi et al., 2013; Branch & Frankel, 2016). Por ello, aunque la participación de instan- cias triestamentales y de comités ético-asistencia- les resulta relevante como espacio de deliberación, consulta y resguardo del clima formativo, la con- ducción, coordinación y seguimiento de esta polí- tica deben recaer principalmente en las institucio- nes formadoras, en articulación con los servicios de salud y bajo la supervisión de los organismos nacionales competentes. El desafío actual no es solo normativo, sino también pedagógico e insti- tucional: construir lineamientos comunes, criterios verificables y mecanismos de implementación que permitan traducir la Norma en prácticas sostenibles y en condiciones efectivas para una docencia clínica respetuosa, equitativa y de calidad. 4. RECOMENDACIONES PARA LA POLÍTICA PÚBLICA El análisis de la Norma muestra que constituye un marco normativo sólido en el plano declarativo, pero aún presenta brechas en su implementación pedagógica. En este contexto, las recomendaciones que se presentan a continuación buscan traducir sus principios en acciones concretas, verificables y sostenibles, viables en el marco legislativo e insti- tucional vigente. Estas propuestas se sustentan tan- to en evidencia nacional e internacional como en la sistematización de estándares mínimos para la

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