Policy Paper. Vivienda y pobreza energética en Chile: hacia una política integral de habilidad
POLICY PAPER: VIVIENDA Y POBREZA ENERGÉTICA te la vestimenta y la optimización de los espacios, y reducir la pérdida de energía mediante intervenciones dentro del presupuesto familiar. Estas responsabilidades recaen desproporcionadamente en las mujeres, quienes experimentan las conse- cuencias más severas de la privación energética mientras gestionan las condicio- nes energéticas del hogar. La carga mental surge de gestionar restricciones pre- supuestarias, mientras que la carga emocional proviene de proveer bienestar con recursos limitados, evocando emociones como miedo, vergüenza y culpa. Las narrativas de orgullo y creatividad por adaptar la casa se entrelazan con sobre- carga mental y emocional, dejando poco tiempo para el autocuidado. Participan- tes con redes de apoyo comunitarias expresaban mayor resiliencia, mientras que quienes carecían de estas redes manifestaban resignación al confrontar la priva- ción (Araya y Sannazzaro 2024). La vulnerabilidad energética también se manifiesta de manera territorial. Factores geográficos, tecnológicos y socio-culturales determinan la diversidad y disponibi- lidad de recursos energéticos (Cortés y Amigo 2022). En el sur del país, donde pre- domina el clima frío y las viviendas son térmicamente deficientes, la dependencia de la leña aumenta la concentración de contaminantes y la carga del trabajo do- méstico (Amigo 2019). En zonas centrales, los hogares suelen enfrentar gastos ex- cesivos en calefacción y/o sufrir pobreza energética oculta al experimentar tem- peraturas fuera de los rangos aceptables de confort térmico (Encinas et al. 2023). En el norte, aunque el clima es menos severo en invierno, persisten problemas de sobrecalentamiento que también generan riesgos importantes para salud y el bien- estar (Piticar 2018). Estas diferencias exigen soluciones de política pública contex- tualizadas y culturalmente pertinentes. El diagnóstico cualitativo del desempeño térmico de la vivienda en Chile evidencia que la pobreza energética no es solo un problema limitado a indicadores técnicos y económicos, sino un entramado complejo de desigualdades materiales, sociales, culturales y territoriales que afectan y establecen dinámicas con las experiencias de vida de las personas. Mujeres, niños y adultos mayores se encuentran entre los más afectados, lo que refuerza la urgencia de políticas públicas con un enfoque interseccional y territorial. Las estrategias de afrontamiento desarrolladas por los hogares, si bien demuestran agencia y resiliencia, no deben interpretarse como soluciones suficientes ni eximir a las instituciones públicas de su responsabilidad en abordar las causas estructurales de la pobreza energética. Avanzar hacia vivien- das energéticamente eficientes, socialmente inclusivas y culturalmente sensibles es condición indispensable para garantizar un habitar digno, saludable y equitativo. 47
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