Policy Paper. Vivienda y pobreza energética en Chile: hacia una política integral de habilidad

POLICY PAPER: VIVIENDA Y POBREZA ENERGÉTICA Un estudio longitudinal de González et al. (2024) subraya que las intervenciones de mejoramiento de viviendas generan beneficios significativos en satisfacción y bienestar, evidenciando la necesidad de incorporar la calidad de vida como crite- rio central en la evaluación de políticas públicas. Estos hallazgos confirman que las mejoras en el desempeño térmico de las viviendas tienen efectos tangibles y perdurables en la experiencia cotidiana de sus habitantes. Cortés y Amigo (2022) destacan que tradiciones y costumbres, como el uso de la cocina a leña, estructu- ran la vida diaria y las decisiones energéticas más allá de los factores económicos. La vulnerabilidad energética se expresa de manera interseccional, afectando de manera diferenciada a distintos grupos sociales. Al pasar más tiempo en el hogar, tanto mujeres, niños y adultos mayores sufren con mayor intensidad las deficien- cias ambientales de la vivienda (RedPE 2022). Las personas mayores enfrentan un mayor riesgo de enfermedades cardiorrespiratorias y mentales ante eventos de frío o calor extremos (Oyarzún Ruiz y Espinoza 2020). Por su parte, al asumir la mayor parte de las labores de cuidados, las mujeres sufren privaciones energéticas des- proporcionadas (Amigo-Jorquera et al. 2019). En los hogares en condiciones de pobreza energética y con estructuras patriarca- les de organización del cuidado, son las mujeres quienes tienen el papel de garanti- zar condiciones mínimas de confort térmico, haciéndose cargo del uso de estufas, cocinas y electricidad, convirtiéndose en “gestoras invisibles” de la energía. Estas responsabilidades, aunque expresan agencia y solidaridad, traen consigo una car- ga mental significativa (Araya y Oyarzún 2024). Las estrategias desplegadas por las cuidadoras evidencian tanto su capacidad de agencia como su evidente sobrecar- ga doméstica, lo que interpela al reconocimiento de una desigualdad estructural al momento de enfrentar la pobreza energética. Estudios realizados en la región de La Araucanía han profundizado en las estrate- gias que personas y hogares desarrollan para afrontar la pobreza energética (Ara- ya y Sannazzaro 2024). Estas estrategias van desde el racionamiento de la ener- gía hasta el ajuste de rutinas para sostener la autoestima y dignidad, incluyendo prácticas de cuidado y auto-cuidado. Sin embargo, presentan una naturaleza dual. Por un lado, pueden significar empoderamiento y construcción de redes resilien- tes; por otro, pueden generar restricciones de las necesidades energéticas y res- tar responsabilidad a instituciones públicas en el abordaje de factores causantes de la pobreza energética. Las cargas del cuidado en contextos de deprivación energética incluyen: gestión de servicios energéticos del hogar, mantener confortables a los habitantes median- 46

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