Policy Paper. Vivienda y pobreza energética en Chile: hacia una política integral de habilidad
POLICY PAPER: VIVIENDA Y POBREZA ENERGÉTICA Esta aparente adaptación térmica debe interpretarse críticamente. La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que condiciones térmicas que afectan la termo- rregulación del cuerpo pueden provocar el desarrollo de diferentes enfermeda- des respiratorias, incluso en rangos de temperatura entre 15°C y 22°C. Por lo tan- to, la OMS recomienda mantener la temperatura interior por encima de los 18°C y por debajo de los 24°C (Organización Mundial de la Salud 2018). Las temperaturas de neutralidad térmica entre 13°C y 18°C documentadas en estudios de confort adaptativo se encuentran por debajo de estos umbrales de salud, sugiriendo que representan más bien situaciones de adaptación forzada a condiciones de priva- ción energética que verdaderas condiciones de confort. Un estudio nacional del 2015 (Méndez et al. 2015) evaluó la percepción de tempe- raturas en invierno y verano, revelando que predomina la percepción de viviendas muy frías durante los meses de invierno. El 48% de la población encuestada con- sidera su casa muy fría durante el día y 53% durante la noche. Durante los meses de verano, cerca de un 40% de los encuestados considera que su vivienda es un poco calurosa o muy calurosa. Hernández y Molina (2023) documentaron percep- ciones similares en un barrio de la zona centro-sur de Chile, donde 62% de los en- cuestados indicaron que su casa es fría durante el invierno y 9% muy fría, mientras que en verano un 25% señaló viviendas levemente calurosas, 19% calurosas y 3% muy calurosas. Estos datos confirman que la experiencia subjetiva de disconfort térmico es generalizada y atraviesa las estaciones del año. Estos indicadores cualitativos dan cuenta de que condiciones extremas de tem- peratura intradomiciliaria y condiciones materiales desfavorables (Tirado-Herrero 2023), afectan no sólo la demanda de energía y el gasto en servicios energéticos, sino también las dinámicas de uso de la vivienda, confinando la vida cotidiana a espacios limitados y produciendo asimetrías importantes en la experiencia del ha- bitar (Thomson et al. 2022). Los miembros del hogar limitan el uso de espacios en función de las condiciones térmicas, o del presupuesto disponible, comprometien- do su bienestar y condicionando su habitabilidad (Encinas et al. 2023). La vivienda, entonces, deja de ser únicamente una estructura física para convertirse en un es- pacio de inequidad social, política y emocional donde la vulnerabilidad energética se vive en las prácticas cotidianas (Longhurst y Hargreaves 2019; Valentine 2014) . En este contexto, los efectos de la pobreza energética en la habitabilidad conlle- van consecuencias sociales como la estigmatización, el aislamiento, la vergüenza y la vulneración de la dignidad (Ballesteros-Arjona et al. 2022; Grossmann y Trubina 2021). Esta fragilidad exacerba la segregación urbana (Encinas et al. 2023; Felmer Plominsky et al. 2023), las inequidades socioeconómicas y la distribución desigual de los cuidados en los hogares (Amigo-Jorquera et al. 2019). 45
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