Panorama de estudios actuales del español en América
g a b r i e l a l v a r a d o p a v e z | 994 «Usted no lo diga»: Esbozo de ideologías lingüísticas en torno al español de Chile en medios de comunicación contemporáneos institutos y organizaciones no gubernamentales. Dicho espacio vacío por parte del Estado en políticas del idioma y la fuerte desproblematización de la lengua española en el cierre nacional se demuestran de modo crítico en el escaso tratamiento de problemas de lengua en la prensa hegemónica. Finalmente, se ha podido observar en el corpus abordado una pola- ridad de contraposición lingüístico-ideológica sólidamente naturalizada entre un español no marcado, configurado como transnacional, y otro distintivamente chileno. En un extremo se distingue una lengua anónima, transparente, deslocalizada y vinculada a una norma accesible pública- mente a través de la lectoescritura y del sistema educativo. En el otro, se observa la configuración de una lengua sumamente local, reconocible en sujetos representativos de estereotipos nacionales, por lo usual divorciada de la norma y anudada con la oralidad y lo familiar. Dicho dualismo parece reproducir ideologías lingüísticas de anonimato y autenticidad, respecti- vamente (Woolard, 2007). No obstante, el español chileno y su sinnúme- ro de singularidades no suelen mover tropos de autenticidad de manera sistemática y mucho menos aún proyectos institucionales de gestión de lengua. En otras palabras, se observa que en el caso chileno la lengua na- cional está dominada por una ideología de anonimato y que los discursos que incorporan tropos de autenticidad se hallan compenetrados con una percepción disgregada de la identidad nacional a tal punto que no son re- conocibles inmediatamente en una visión sistémica del idioma. Es así que el vasto lexicón correspondiente a los chilenismos , los diversos acentos flaites , huasos o rotos , las roterías e incluso los manierismos lingüísticos de las cuicas no son asumidos como parte de una unidad discreta y sóli- damente discernible llamada «español de Chile», sino que se inscriben en un imaginario disperso, escasamente unitario, sobre el cual solo se pue- den proyectar preceptos vagos, entre los cuales aún sobresale, por encima de todos los demás, el de que «en Chile hablamos mal». Únicamente una contraposición (es decir, la marcación) en función de otros espacios hispa- nohablantes —las naciones vecinas, Hispanoamérica, España— permite constituir una diferencia afirmativa.
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