Panorama de estudios actuales del español en América
| 60 El español en la Argentina m a r í a l ó p e z g a r c í a 4.2. Lenguas de inmigraciones pasadas En el año 1854 Argentina autorizó el arribo de inmigrantes europeos con el doble propósito de insertarse en el mercado global y de «blanquear» el componente humano de la incipiente nación. Esa política resultó en un ingreso masivo de inmigrantes entre 1870 y 1930. Según consigna Di Tullio (2010) a propósito del impacto causado por la inmigración (especialmente la italiana) en la lengua y la identidad lingüística argentinas, el fenómeno inmigratorio alcanzó en este país dimensiones únicas a nivel global debido a la alta proporción de inmigrantes en relación con la población nativa. Conforme datos obtenidos en los censos de población, Di Tullio afirma que en 1895 los inmigrantes representaban el 25% del total de la población y que para 1914 ese porcentaje llegaría al máximo histórico alcanzando un 30%. A partir de ese año, la representatividad de los inmigrantes iría de- creciendo hasta el 5% registrado en el Censo de 1991. Fontanella (1987), por su parte, especifica que en el año 1887 la población de la Ciudad de Buenos Aires se componía de un 47,4% de argentinos, 32,1% de italianos, 9,1% de españoles, 4,6% de franceses y 6,9% de otras nacionalidades. El fenómeno inmigratorio, en general, y la abrumadora representatividad de los italia- nos, en particular, explica buena parte de la configuración de la identidad lingüística porteña. En efecto, aún en la actualidad los hablantes afirman hablar «en lunfardo» (Conde, 2017 y López García, 2013); asimismo, los rasgos fonéticos y suprasegmentales porteños son interpretados como resultado del contacto con el italiano (Colantoni y Rodríguez Louro, 2013). 4.3. Last but not least: che La investigación de referencia para esta partícula es la desarrollada por Bertolotti (2010). Allí repasa las hipótesis que se han barajado desde co- mienzos del siglo xx para la etimologia del che rioplatense. La investiga- dora uruguaya retoma el tradicional trabajo de Rosenblat (1962) «Origen e historia del “che” Argentino» para descartar las influencias araucanas atribuidas a comienzos del siglo xx por el alemán Rudolf Lenz. Acude asi- mismo a Rona (1958) para desestimar la hipotesis propuesta por Amado Alonso de un posible origen peninsular y coincidir en atribuir procedencia
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