Lenguas en la Universidad. Políticas lingüísticas en la educación superior

76 lenguas en la universidad terios mercantiles, rankings internacionales y una ideología de competencia que privilegia la publicación en inglés, la estanda- rización de saberes y la instrumentalización del aprendizaje de lenguas. Desde esta perspectiva, propuse distinguir entre dos planos de análisis: por un lado, la conciencia, casi ancestral, del investi- gador o investigadora que aprende otras lenguas porque necesi- ta acceder a bibliografía, comunicarse con pares o comprender realidades distintas, algo que Ramón Menéndez Pidal hacía con rigurosidad al estudiar alemán para leer a los filólogos germá- nicos, o inglés para comprender las nuevas corrientes. Por otro lado, la institucionalización de un modelo universitario que promueve el inglés no como una lengua entre otras, sino como criterio de calidad, acceso y legitimidad. Durante mi labor como director del programa de Doctorado en Culturas Latinoamericanas, Ibéricas y Latinoestadouniden- ses del Graduate Center, experimenté de cerca las tensiones de- rivadas de esta hegemonía. Una de las primeras decisiones que enfrenté fue la de revisar el uso del TOEFL (Test of English as a Foreign Language) como requisito de admisión. Aunque la uni- versidad exigía que todos los postulantes lo rindieran, no fijaba un puntaje mínimo obligatorio, lo que dejaba un margen de au- tonomía a cada programa. Al revisar los resultados, noté un claro patrón: los postulantes provenientes de sectores privilegiados en América Latina, que habían cursado su educación en colegios privados bilingües, ob- tenían puntuaciones muy altas; en cambio, quienes venían de escuelas públicas o de contextos más precarizados, a pesar de contar con expedientes académicos brillantes, eran excluidos por no alcanzar los puntajes esperados. El TOEFL, más que me- dir competencia real para la vida académica, funcionaba como un filtro de clase y de capital cultural.

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