Lenguas en la Universidad. Políticas lingüísticas en la educación superior

50 lenguas en la universidad tendientes a atender y superar esta desigualdad, las que, no obs- tante representar un avance, se han caracterizado por un enfo- que asistencialista y asimilacionista. Uno de los aspectos de esta diversidad —mucho más desatendido que otros, por cierto— ha sido el de las lenguas y derechos lingüísticos de estas comunida- des. Un ejemplo de ello fue la incipiente, inacabada o francamen- te ausente discusión en torno al tema en los debates de los dos intentos constitucionales que hubo en el país en años pasados. Frente a esta invisibilización de lo indígena y sus lenguas, su di- versidad, su posibilidad de existencia y resistencia, resulta muy necesario e interesante preguntarse por el rol que han jugado y juegan estas lenguas en nuestra universidad —pública— y en el mundo académico y científico en general. Esto, tanto en su rol en la producción del conocimiento en la academia y la ciencia, como también en tanto fenómeno de reflexión e intervención para la construcción de una sociedad en la que se les respete, valore, di- funda y legitime. A eso deberíamos también apuntar como Uni- versidad de Chile y universidad pública, por cierto. Partamos por la primera dimensión: el rol de las lenguas in- dígenas en la producción del conocimiento en el mundo cientí- fico y académico. Debemos entender que la preocupación desde las ciencias sociales hacia el mundo «indígena» se conecta con el surgimiento de la etnología en Europa hacia fines del siglo XIX. Un proyecto racionalista y positivista en el que la industria co- lonial encontró la perfecta legitimación para la supremacía del hombre blanco, la que se traducía en la posibilidad de usurpar territorios, personas y recursos, además de imponer sus propios hábitos morales y de vida a estas poblaciones. Los territorios ocupados constituyeron un «laboratorio» para que las teorías evolucionistas de la biología explicaran por qué los salvajes y los bárbaros eran expresiones inferiores de la humanidad, que es- taban condenadas a desaparecer. Este es, sin duda, el punto de partida desde el cual las ciencias sociales (sobre todo la antropo-

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