Libro de Actas del III Congreso Latinoamericano y del Caribe e Investigación en Educación Superior- LatinSoTL- 2025

1321 técnicas a la gente de currículum, como para ir mirando si el ensamble que estábamos pensando era un buen ensamble” (Entrevistada 3) Las estrategias priorizan la colaboración e integración, evitando distinciones entre estudiantes de distintas carreras. Las evaluaciones también son conjuntas, aunque la definición de roles aún presenta diversidad y ambigüedad. Los desafíos son múltiples: falta de estructuras institucionales formales; dificultades de coordinación de horarios y cargas docentes; y dependencia de la motivación individual de ciertos docentes. Todo esto pone en riesgo la sostenibilidad del modelo. Discusión El estudio confirma que los cursos interdisciplinarios permiten abordar con mayor profundidad problemáticas complejas. Desarrollan competencias como pensamiento crítico, trabajo en equipo, argumentación y la llamada “humildad disciplinaria” (Lattuca et al., 2013). La propuesta de aprendizaje colaborativo es central: promueve que el estudiantado aprenda de manera horizontal, compartiendo saberes y experiencias en la resolución de casos reales (Boud et al., 2014). Este enfoque se articula con la teoría de la complejidad de Edgar Morin, que propone integrar saberes para abordar fenómenos multifacéticos (Morin, 1992). Sin embargo, para que estas experiencias funcionen deben ubicarse en ciclos finales de formación, dado que requieren conocimientos previos disciplinarios sólidos. Además, se identifican riesgos como negligencias del alumnado en casos complejos, lo que exige sistemas de supervisión efectivos. Por otra parte, los desafíos institucionales continúan siendo un punto crítico: en ausencia de estructuras que reconozcan y sostengan formalmente el trabajo interdisciplinario —en términos curriculares, financieros y logísticos—, su implementación depende en gran medida del compromiso personal de ciertos equipos docentes, más que de una política educativa integrada y sostenida. Resulta particularmente significativo que en la mayoría de estas iniciativas interdisciplinarias se encuentren involucradas mujeres. De hecho, en el estudio mencionado, la muestra estuvo compuesta exclusivamente por docentes mujeres, sin que ello haya sido una decisión premeditada. Esta tendencia se observa con mayor fuerza en carreras como educación, psicología y derecho, siendo especialmente notoria en las dos primeras. En el ámbito del derecho, si bien las mujeres son cada vez más visibles en los espacios académicos, su presencia sigue siendo limitada en cargos jerárquicos y de toma de decisiones. Lo anterior nos conduce a reflexionar desde una perspectiva crítica situada en el Sur Global, en la que la formación interdisciplinaria en la universidad debe vincularse con los desafíos estructurales que afectan a las instituciones educativas en contextos de desigualdad, colonialidad del saber y exclusión epistémica. La interdisciplina aparece como una posición política por descentrar los saberes hegemónicos y abrir espacio a conocimientos situados, relevantes y transformadores (Carvajal Escobar, 2010; Haidar, 2020). Asimismo, experiencias latinoamericanas muestran que la interdisciplina adquiere sentido cuando se articula a prácticas sociales de resistencia, reparación o cuidado. La Clínica Jurídica de Migrantes y Refugiados UDP analizada en este estudio constituye un ejemplo de cómo la universidad puede vincular docencia, investigación e intervención desde una perspectiva situada y sensible a las condiciones estructurales de vulnerabilidad, como las que afectan a las personas migrantes (Puiggrós, 1994; Hernández & Campos-Delgado, 2023).

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