Libro de Actas del III Congreso Latinoamericano y del Caribe e Investigación en Educación Superior- LatinSoTL- 2025

1307 en algunos reduccionismos como la equiparación de la perspectiva de género a hablar de mujeres, lenguaje no sexista o paridad bibliográfica, en asumir que género es sinónimo de diversidad, o en limitar su incorporación a la dimensión ético-valórica del perfil de egreso, sin una reflexión disciplinar profunda (Gaba et. al., 2023, 2024a) En disciplinas del área de la salud, algunas investigaciones han explorado la incorporación de esta perspectiva en Chile. Valenzuela y Cartes (2020) analizaron sesgos de género y LGBT+ en la atención en salud y la formación médica. Identificaron escasez de contenidos sobre estas temáticas, confusión entre sexo y género, y una reducción de los temas de mujeres y personas LGBT+ a áreas como salud sexual y reproductiva, sin abordar integralmente el bienestar. También detectaron el uso del “hombre promedio” como modelo formativo, lo cual invisibiliza diferencias de género en síntomas, prevalencia y factores de riesgo. La falta de formación sobre diversidad y derechos afecta la capacidad de indagar sobre identidad de género y orientación sexual, perjudicando la calidad de la atención. En psicología, una revisión de Cayulef y Soto (2023) sobre el currículo de la Universidad Central evidenció que solo tres asignaturas abordaban aspectos de género. Otro estudio exploratorio de Concha y Mujica (2021) revisó programas de psicoterapia en seis universidades chilenas, encontrando que, de noventa y tres asignaturas, solo ocho mencionaban explícitamente diversidad sexual y veintitrés lo hacían de forma indirecta. Además, ningún perfil de egreso contenía referencias a estas temáticas. Tomicic et al. (2023) investigaron el conocimiento y las actitudes de terapeutas hacia diversidades sexuales y de género, hallando una correlación entre altos niveles de prejuicio y una visión moral o religiosa de estas diversidades. Esto evidencia que no se trata solo de desconocimiento, sino de creencias y actitudes formadas social y culturalmente. Así, los procesos formativos enfrentan a estudiantes que ya portan estereotipos y prejuicios. En línea con lo observado en medicina, Olivera y Ferreyra (2023) señalan que las teorías psicológicas dominantes aún reproducen una mirada cis-heteronormativa, patriarcal y, en muchos casos, patologizante hacia las experiencias de mujeres y personas LGBT+. La patologización de la diferencia ha sido históricamente parte del saber psicológico, y aún persisten debates académicos y legislativos sobre la despatologización de identidades de género, la existencia de terapias de conversión y las barreras de acceso a la salud de personas trans y no binarias (Ojeda et al., 2024; Martínez et al., 2019) Este panorama muestra con claridad la urgencia y complejidad de incorporar con profundidad la perspectiva de género en la formación disciplinar de quienes estudian psicología, abordando tanto los contenidos como las estructuras epistemológicas que los sostienen. 2. Diseño de investigación La investigación tuvo por objetivo caracterizar la PG presente en el plan de estudios vigente de la carrera de psicología, así como analizar las percepciones de la comunidad educativa sobre la importancia de la PG en la formación en psicología, con el propósito de entregar insumos valiosos para el proceso de innovación curricular. La investigación se realizó entre 2023 y 2024 y fue desarrollada como un estudio de caso con enfoque mixto. En primer lugar, se revisó el plan de estudios 2019 en todos sus componentes (perfil de egreso, ámbitos de desempeño y resultados de aprendizaje) así como el uso de lenguaje no sexista en todos los documentos. En segundo lugar, se

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