Libro de Actas del III Congreso Latinoamericano y del Caribe e Investigación en Educación Superior- LatinSoTL- 2025

1273 Los resultados revelan patrones comunes entre los participantes: en primer lugar, el tiempo de preparación para las competencias oscila entre 10 y 20 horas semanales durante los meses previos y durante la temporada anual, que se orienta a un dominio instrumental y conceptual superior al que se alcanza en cursos tradicionales. En segundo lugar, la práctica intensiva de la resolución de problemas, combinada con la necesidad de tomar decisiones rápidas en contextos de incertidumbre y presión, promueve el desarrollo de habilidades metacognitivas avanzadas. Los estudiantes aprenden a aprender, evalúan sus propios procesos de pensamiento y adaptan estrategias según la naturaleza del problema, todo en un entorno colaborativo donde el éxito no depende del rendimiento individual sino del rendimiento sinérgico del equipo. Adicionalmente, los participantes destacaron la transferibilidad inmediata de las habilidades adquiridas. La familiaridad con algoritmos complejos, estructuras de datos y técnicas de optimización ha demostrado ser una ventaja clara en entrevistas técnicas para empleos en empresas de tecnología. Pero también lo ha sido en el ámbito de emprendimientos tecnológicos, donde se requiere resolución ágil de problemas reales y trabajo interdisciplinario. En palabras de uno de los entrevistados: “Competir en el ICPC me dio más que conocimiento técnico. Aprendí a pensar con claridad bajo presión, a comunicarme con mis compañeros y a confiar en mis decisiones. Eso es algo que ni el mejor curso de programación me había enseñado”. Otra dimensión emergente del análisis fue el valor del networking académico y profesional generado en estos eventos. Las competencias funcionan como verdaderos nodos de conexión donde se forjan relaciones duraderas con otros estudiantes, entrenadores y reclutadores. Varios entrevistados señalaron que sus primeras oportunidades laborales surgieron precisamente gracias a contactos establecidos en torneos regionales y nacionales. Esto sugiere que las competencias no sólo forman, sino que también posicionan estratégicamente a los estudiantes dentro de comunidades globales de práctica, innovación y tecnología. Lecciones aprendidas Los hallazgos apuntan a que las competencias académicas, cuando son concebidas desde una lógica pedagógica deliberada, representan una estrategia potente de innovación educativa. No se trata de convertir a todos los estudiantes en campeones de torneos, sino de reconocer que el proceso de preparación y participación moviliza aprendizajes a través de experiencias directas. Por otra parte, la dinámica del concurso fortalece que los estudiantes comprendan nueva información, la relacionen con conocimientos previos y la apliquen en la solución de nuevas situaciones. Mientras se construye una comunidad de aprendizaje y se fortalece el sentido de pertenencia y propósito académico en quienes participan. A pesar de su potencial formativo, el modelo tradicional universitario no reconoce estas actividades en términos de créditos, horas o menciones curriculares. Esta desconexión reduce su visibilidad institucional y dificulta su escalabilidad. El aprendizaje profundo, tal como lo proponen Biggs et al. (2022), implica la integración significativa de conocimientos y habilidades. Las competencias, al requerir la aplicación de saberes en contextos auténticos y desafiantes, constituyen precisamente ese tipo de experiencias.

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