Libro de Actas del III Congreso Latinoamericano y del Caribe e Investigación en Educación Superior- LatinSoTL- 2025
1244 Esta metodología se aplica de forma cíclica por cuatrimestre, con reuniones iniciales, formación de equipos, planificación de tareas y evaluaciones finales, garantizando que los proyectos se alineen a objetivos académicos y fomenten la participación activa de cada estudiante. Aplicación en el Museo Virtual del Meteorito Aguas Zarcas La implementación de la metodología colaborativa descrita previamente tuvo un papel fundamental en la planificación, ejecución y éxito del proyecto Museo Virtual del Meteorito Aguas Zarcas. Este proyecto marcó un éxito al aplicar una estructura metodológica que promovió el liderazgo estudiantil, la división estratégica del trabajo, la documentación rigurosa y la transferencia de conocimientos. Como señala Azorín (2018), “el aprendizaje cooperativo ayuda a imaginar un aula inclusiva, pues resulta difícil pensar en una escuela que sea inclusiva si en ella no se llevan a cabo prácticas colaborativas” (p. 11). Desde el inicio, los estudiantes fueron organizados en tres equipos de trabajo, cada uno con responsabilidades claramente definidas: modelado del museo, modelado de fragmentos del meteorito y programación del entorno virtual, en la Figura 1, se presenta algunos productos de los diferentes equipos. A pesar de enfrentar altas curvas de aprendizaje al trabajar con herramientas especializadas como Blender, Agisoft Metashape y la librería Three.js para desarrollo en Realidad Virtual, los equipos lograron avanzar de manera coordinada gracias al acompañamiento docente, la planificación participativa y una cultura de mejora continua, como indica la documentación oficial de Agisoft Metashape (Agisoft, 2023), “Metashape genera reconstrucciones 3D precisas y detalladas a partir de fotografías, pero no ofrece animación avanzada, iluminación ni efectos de cámara. Ahí es donde entra Blender”. Cada equipo elaboró su propio plan de trabajo, estableciendo metas, tareas y resultados, lo cual fomentó la autonomía y la toma de decisiones fundamentadas. Además, la rotación de liderazgos y la elección de líderes con base en criterios de empatía, comunicación, resiliencia y ética permitieron fortalecer habilidades blandas esenciales para el trabajo en equipo y el liderazgo transformador, según Pachay López et al. (2020), “el liderazgo de los estudiantes en el aula de clase se forma con la aplicación de las metodologías activas, que los docentes puedan aplicar estratégicamente” (p. 205). Las reuniones semanales presenciales funcionaron como espacios de revisión técnica, intercambio de aprendizajes y toma de decisiones colaborativas, en ellas se presentaban avances, se debatían soluciones y se elaboraban informes analíticos que fortalecieron el pensamiento crítico y la capacidad de argumentación de los estudiantes. Como sostiene el Tecnológico de Monterrey (2023), “los grupos reflexionan sobre su funcionamiento y buscan mejorar continuamente”. La reunión final, más allá de exponer los productos desarrollados, se convirtió en un espacio de reflexión colectiva sobre la experiencia vivida y la consolidación del sentido de pertenencia a la comunidad CODE-IN, esta práctica se alinea con lo señalado por Moriña (2011), quien afirma que “no sólo se coopera para aprender, sino que previamente se tiene que aprender a cooperar” (p. 134).
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