Libro de Actas del III Congreso Latinoamericano y del Caribe e Investigación en Educación Superior- LatinSoTL- 2025
1148 normativos claros, sin embargo, los procesos de evaluación a menudo están subordinados a rutinas administrativas que socavan lo pedagógico (Artavia-Díaz, 2025). Además, se nota que no se tiene un reconocimiento formal a la labor de la persona evaluadora, lo cual conlleva a la falta de motivación y al desgaste profesional. Es el mismo centro educativo el que no considera que el esfuerzo que se realiza en innovación con evaluaciones es meritocráticamente consideradas y gestionadas. La ausencia de espacios de trabajo en equipo, de formación continua y de parámetros técnicos claros, en conjunto con una escasa colaboración, constituyen los paradigmas que limitan el potencial de la evaluación y la formación del liderazgo evaluativo. Sin embargo, también surgen áreas donde se producen evaluaciones de gran impacto, sobre todo en la incorporación en el uso de tecnologías digitales, el uso de prácticas pedagógicas activas y la inclusividad. Muchas de estas prácticas se dan en el contexto de las personas docentes con un elevado compromiso institucional, y en gran medida, surgen a partir de su esfuerzo personal y no de un diseño institucional que los artículos. Esto refuerza el hecho de que es necesario contar con una cultura institucional que apoya oficialmente estos procesos. Discusión Los resultados permiten reflexionar sobre la falta de liderazgo en la gestión universitaria, en lo que a evaluación se refiere. Este no puede ser de carácter administrativo o técnico, debe contar con una perspectiva moral y de fondo educativo. En el marco de SOTL, la persona evaluadora se posiciona como un actor reflexivo que participa activamente en el mejoramiento del aprendizaje y se involucra en los procesos de gobernanza institucional de la decisión (Hutchings et al., 2011). El desafío no es solo pedagógico sino también organizacional. La evaluación, considerada una carga en la mayoría de los casos, necesita pasar a ser un aspecto integral de la cultura universitaria. Este cambio requiere un mecanismo que aprecie el trabajo de la persona docente, políticas institucionales definidas y estrategias de formación que fusionen las dimensiones pedagógica, tecnológica y ética (Black & Wiliam, 2009; Marcelo, 2009). Como punto final, se proponen estrategias que fomenten una cultura de evaluación situada, colaborativa y transformadora para integrar el diseño educativo, la enseñanza en un entorno virtual y la garantía de calidad. El liderazgo en evaluación no solo redefine las prácticas docentes, sino que también mejora la gobernanza académica, la equidad institucional y la calidad de la educación en un entorno virtual. Conclusión A manera de conclusión la evaluación de la educación a distancia, particularmente en la UNED, necesita redefinirse como un proceso estratégico, ético y transformador. En el núcleo de la gestión universitaria, la evaluación necesita ser posicionada en el centro de la gobernanza, y para esto, la universidad debe fomentar un rol proactivo en la enseñanza de la calidad y la innovación en las prácticas pedagógicas. Esto es posible con la introducción de una figura clara, el liderazgo en evaluación. Por eso, es necesario fortalecer especialmente las competencias del evaluador, su rol en los sistemas institucionales, y adaptar los marcos normativos y operativos a la virtualidad. Se necesita en este caso un fuerte compromiso institucional orientado en
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