Libro de Actas del III Congreso Latinoamericano y del Caribe e Investigación en Educación Superior- LatinSoTL- 2025

1142 evaluación como un campo de mejora continua, en consonancia con la ética del cuidado, la centralidad del aprendizaje y el compromiso académico de la educación a distancia. En este sentido, la investigación no se limita a describir, sino que aspira a transformar la cultura evaluativa desde una lógica situada, participativa y orientada a la calidad del aprendizaje. Resultados Los resultados obtenidos indican que, en el caso de la UNED, la evaluación en el entorno virtual todavía presenta una serie de desafíos que se encuentran en tensión entre lo prescriptivo y lo práctico. A pesar de que los documentos institucionales abogan por una evaluación formativa, procesal y centrada en el aprendizaje, muchas evaluaciones en la práctica siguen estando guiadas por el cumplimiento de tareas y calificaciones. La falta de conexión entre el marco normativo y la cotidianidad obstaculiza la posibilidad de construir una cultura evaluativa con sentido humano, lo que debilita el impacto pedagógico que una evaluación formativa puede tener. Las y los docentes comprenden la importancia y valor de la evaluación formativa, pero en la práctica, las condiciones laborales, la carga administrativa, la ausencia de apoyo institucional y el acompañamiento (o la falta de este) hacen difícil la implementación de los procesos evaluativos que se necesitan. En cuanto al desarrollo de habilidades, hay cuatro claves dimensionales que configuran el perfil de un evaluador en entornos virtuales: saber, saber hacer, saber ser y querer hacer. Primero, el saber, en este caso, se refiere al conocimiento de los marcos normativos institucionales, los contemporáneos de evaluación, y los fundamentos pedagógicos de la modalidad a distancia, la distancia. Por estricto rigor, la persona docente alberga este conocimiento, aunque no siempre en formas activas y coherentes. Segundo, saber hacer, en este caso, incluye la posesión de competencias técnicas que permiten diseñar evaluaciones y proporcionar retroalimentación auténtica y constructivista, además de otros recursos. Podemos observar que estas competencias se encuentran en proceso de consolidación. En habilidades socioemocionales esenciales, como la disposición empática, la comunicación asertiva, la escucha, el diálogo y el acompañamiento del estudiantado en sus contextos diversos y complejos, se concreta el saber ser. En un entorno marcado por la asincronía y el distanciamiento físico, estas cualidades son esenciales en el rostro humano que se desea brindar a la evaluación. En última instancia, el querer hacer está relacionado con la motivación de la persona docente, el compromiso ético, y la disposición a cambios por renovación que, en sus intenciones, transforma la evaluación en un proceso formativo y en un acto con sentido. Se constató que este componente motivacional se encuentra en un gran porcentaje de las personas docentes, pero no cuenta con el respaldo institucional sostenido que se anhele a fortalecerlo a través de estrategias de formación continua, comunidades de práctica y políticas de reconocimiento. Además, se evaluará que en la contemporaneidad se vuelve un desafío evaluar con sentido humano en la virtualidad, a no ser por los conocimientos técnicos o normativos, la combinación de saberes resulta ser más amplia. Esto exige, además de saber pedagógico y digital, habilidades humanas, su interrelación, y que estas últimas sean sistemáticamente desarrolladas. Hace falta que la institución que se les acredita como poder, las reconozca, la evaluación como acto ético, situado y transformador, y la política una estrategia de la docencia en la educación a distancia. Discusión

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