Libro de Actas del III Congreso Latinoamericano y del Caribe e Investigación en Educación Superior- LatinSoTL- 2025

1143 Los resultados obtenidos confirman la existencia de tensiones estructurales que dificultan la implementación de una evaluación verdaderamente formativa y centrada en el estudiante. Aunque la UNED ha establecido marcos normativos sólidos que promueven una evaluación inclusiva, autónoma y situada, el exceso de tareas administrativas, la rigidez en el diseño curricular y la falta de formación continua limitan la capacidad del docente para desarrollar competencias evaluativas integrales (UNED, 2004; Reglamento General Estudiantil, 2012). Esta brecha entre teoría y práctica también refleja una carencia de políticas institucionales que fomentan la reflexión docente sobre la evaluación. Tal como plantea Marcelo (2009), el saber ser debe ser promovido desde una cultura organizacional que valore la empatía, el diálogo y el acompañamiento pedagógico. No se trata solo de capacitar técnicamente a las personas docentes, sino de propiciar espacios de construcción colectiva de sentidos sobre el acto de evaluar, donde la ética y la sensibilidad se convertirán en ejes de la profesionalización docente. Además, se reitera que la incorporación de tecnologías en la evaluación no garantiza per se una transformación significativa. Como advierten Sancho-Gil y Hernández- Hernández (2021), sin un marco pedagógico sólido, su uso puede reforzar prácticas tradicionales y desvinculadas del aprendizaje. Por tanto, la formación docente debe incluir el desarrollo de competencias digitales críticas, capaces de integrar la tecnología con la didáctica, la comunicación y la evaluación auténtica, respondiendo así a los desafíos del contexto educativo contemporáneo. Conclusiones La evaluación en la educación a distancia no puede entenderse como una acción técnica, fragmentada o automatizada, sino como un proceso profundo de mediación pedagógica, ética y humana. En el caso de la UNED, esta práctica debe construirse desde una perspectiva integral, que articule el conocimiento normativo, la competencia técnica, la sensibilidad interpersonal y el compromiso con la transformación educativa. Solo así será posible avanzar hacia modelos evaluativos más coherentes con los fines de la educación a distancia en el siglo XXI (Esquivel Semanate & Pérez Llumitásig, 2024; Tobón, 2020). Los desafíos identificados en este análisis muestran que no basta con conocer los principios de la evaluación formativa; es indispensable crear condiciones institucionales para que esa visión se traduzca en la práctica. Esto implica revisar las cargas docentes, fortalecer la formación en evaluación, fomentar comunidades de práctica y promover una cultura del acompañamiento y la retroalimentación significativa. La evaluación con sentido humano debe convertirse en un eje transversal de la innovación pedagógica institucional (Artavia, 2025). Finalmente, se recomienda a las autoridades universitarias consolidar un sistema de apoyo al desarrollo profesional docente que articule el saber, el saber hacer, el saber ser y el querer hacer como competencias clave para la evaluación. Este enfoque integral permitirá no solo mejorar la calidad educativa, sino también garantizar una experiencia de aprendizaje más justa, inclusiva y transformadora para los estudiantes de la UNED.

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