Reconstrucción(es) Sociedad Civil. Experiencias de reconstrucción en Chile post 27F desde la sociedad civil
RECONSTRUCCIONES SOCIED DCIVIL 152 El paradigma “naturalista” ofrece una definición como una medida o un cálculo. Desde esta perspectiva, el hombre se encuentra a merced de sufrir riesgos y por tanto, es importante determinar la probabilidad de ocurrencia y magnitud de un suceso. Es decir, si este evento sobrepasa un determinado umbral se desencadenará, inevitablemente, un desastre. Esta medida “racional” del riesgo es utilizada tanto por las ciencias geofí - sicas, la ingeniería y la economía, tal como lo muestran la construcción de mapas de peligros de remosión de laderas de cerros, los modelos sobre el comportamiento de los edificios frente a sismos y las compañías de segu - ro al establecer las primas de daños asociados a incendios. En definitiva, una visión “fotográfica” o “congelada” del riesgo (Cardona, 2001). A pesar de la aceptación y utilización generalizada de este enfoque, se levanta una importante barrera cuando la definición “científica” otorgada por los expertos, no es compartida por el resto de la población. Cuando esto ocurre, los especialistas señalan que los ciudadanos son incapaces de determinar el real alcance de riesgo debido a su “ignorancia”, y que esta oposición frente “a lo objetivo” se debe, exclusivamente, a un pro - blema de información. Sin embargo, para el sociólogo Ulrich Beck, esta afirmación sería falsa, pues el rechazo a la definición científica de lo que es riesgo, no indicaría que es consecuencia de la irracionalidad o tosquedad pública, sino que por el contrario, las premisas culturales de aceptación, las cuales están contenidas en los enunciados técnicos científicos del ries - go, son falsas (Beck 2006: 81). Un ejemplo de esta controversia fue posible de observar en el evento eruptivo del Cordón Caulle, en la Región de Los Lagos, durante este año. En esa oportunidad, una de las medidas de pre - vención establecidas por las autoridades gubernamentales fue solicitar la “evacuación preventiva” de la población circundante a esta área volcáni - ca, sin embargo, muchas personas decidieron “omitir” el llamado y seguir en la zona, pues sus animales y propiedades quedarían abandonados y su experiencia de vida les permitía aseverar que no ocurriría ningún desas - tre, a diferencia de lo que anunciaban los expertos del Servicio Nacional de Geología y Minería (SERNAGEOMIN). Esta “tozudez” de la población, es lo que ha motivado el interés de las ciencias sociales en este tema. La psicología ha señalado que el riesgo, sería un estado de percepción mental del individuo ante el peligro (Lindell & Perry, 1992). Es más, la eva - luación del riesgo y disposición a aceptarlo, no solo sería un problema síquico, sino que también un problema social. Uno se comporta como ha sido socializado -como lo esperan los grupos de referencia- de acuerdo a la opinión aceptada o en contra (Luhmann, 2006). Es decir, el riesgo sería una noción socialmente construida, en la cual influyen aspectos tan varia - dos como la edad, grupo social, género, etnia, educación, religión, expe - riencias previas, entre otros (Puy, 1995). De este modo, más allá de tener
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