Antumapu. Patrimonio, ciencia y naturaleza
115 La mayoría de los agricultores cría aves de corral y otros animales, como práctica cultural y de subsis- tencia. Si se consideran, además de los cultivos de interés comer- cial, las flores, hierbas medicina- les, árboles frutales y ornamen- tales, cercos vivos y animales de crianza (ovejas, cerdos, gallinas, caballos, conejos, etcétera), el nú- mero de especies y variedades ma- nejadas por el total de agricultores del campus asciende a más de 60 tipos de plantas y animales. Existe en los agricultores del Cam- pus Antumapu, un capital cultural estrechamente asociado al legado del pasado del paisaje rural. Este capital ha sido movilizado y re- producido por los agricultores a través de un sistema de prácticas sociales históricas. Muchas de es- tas prácticas están relacionadas a la agricultura –arado con caballos, uso del estiércol de los animales, reproducción de semillas, uso de fases lunares en la agricultura, apicultura, etc. -, pero existe tam- bién un acervo de saberes ligados a otras expresiones culturales, tales como diversas formas de artesa- nía (tejido, curtiembre, artesanía con calabazas, etc.), gastronomía, construcción con barro y paja, car- pintería y uso de plantas medici- nales, entre otras. Este sistema de conocimiento campesino emerge de un conjunto de prácticas socia- les que tienen una historia colecti- va de transmisión y optimización. Dos estrategias relevantes de su funcionamiento son la transmi- sión intergeneracional y el apren- dizaje empírico. A través de la com- probación empírica, el agricultor va sistematizando su interacción con la realidad y, al mismo tiempo, seleccionando la estrategia que le permite obtener el resultado de- seado. De esta forma va constru- yendo una forma de conocer el mundo y una racionalidad que es particular a su cultura y modo de subsistencia 23 . En un territorio periurbano como el Campus Antumapu, las lógicas intra-generacionales de aprendi- zaje y enseñanza cobran una rele- vancia especial, dado que el acceso al stock de conocimientos tradi- cionales es más limitado que en ²³ Ibídem ²⁴ Ibídem un entorno propiamente rural. Al migrar del campo a la ciudad, los agricultores perdieron el vínculo con esa tradición y, por otro lado, la pérdida de suelo cultivable en la Pintana ocasionó una erosión cul- tural que deprimió sostenidamen- te el capital cognitivo y cultural de los agricultores “antiguos” de la zona sur de Santiago. Por esta razón, el acceso de un agricultor a nuevos conocimientos depende estrechamente de qué tan bien co- nectado está con sus pares 24 . El sistema de conocimiento cam- pesino del Campus Antumapu ha sido permeable a los procesos de modernización, pues se cons- tata que las estrategias de repro- ducción tradicionales han sido
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