Policy Brief - Promoción a la actividad física desde una perspectiva de diseño urbano
5 de caminar, andar en bicicleta o realizar deportes. Estas con- diciones se vuelven especialmente críticas para un porcentaje importante de la población, como personas mayores, embara- zadas, NA y personas con discapacidad, quienes suelen enfren- tar mayores riesgos o limitaciones para desplazarse libremente. Las barreras urbanas reducen la movilidad cotidiana, afectan la salud y restringen la autonomía funcional (Barnett et al., 2017; Devarajan et al., 2020). En Chile, estas brechas se profundizan con la segregación re- sidencial y la desigualdad, traducidas en acceso inequitativo a áreas verdes e infraestructura de movilidad activa. Este esce- nario configura una "ciudad del endeudamiento" (Rolnik, 2019), donde el acceso a vivienda, transporte y servicios depende del consumo y la capacidad de crédito, restringiendo el ejercicio pleno de la ciudadanía y excluyendo a quienes no se ajustan a los modelos familiares y productivos predominantes (Silva et al., 2020). La falta de conectividad peatonal, veredas deterioradas, ciclo- vías discontinuas, calles en mal estado y barrios inseguros son problemas recurrentes en el contexto nacional (Reyes Packe y Figueroa A., 2010; Correa-Parra et al., 2020; Mora et al., 2021; Tiznado-Aitken et al., 2022; Instituto Nacional de Estadísticas, 2024; Orellana y Arenas, 2024; Ministerio de Vivienda y Urba- nismo, 2025). Estas condiciones restringen las oportunidades de cumplir las recomendaciones de AF y acrecientan también las desigualdades en salud, particularmente en poblaciones de nivel socioeconómico bajo y medio-bajo. Este policy brief aborda la IF como problema prioritario de sa- lud pública, enfatizando como brecha su relación con el en- torno urbano y la limitada articulación entre políticas de salud, desarrollo social y planificación urbana. En este sentido enton- ces, se proponen lineamientos de políticas para fomentar en- tornos más activos y equitativos, reduciendo barreras estructu- rales e inequidades territoriales que afectan diferenciadamente a la población. Con estos lineamientos se espera aumentar las oportunidades para la práctica de AF con equidad y, a largo pla- zo, mejorar tanto los niveles de AF como la salud poblacional. Antecedentes La OMS define la AF como cualquier movimiento corporal pro- ducido por los músculos esqueléticos que implique un gasto energético superior a 1,5 equivalentes metabólicos (MET). Un MET corresponde a la cantidad de energía que gasta el cuerpo en estado de reposo. Por lo tanto, todas las actividades cuyo esfuerzo supera los 1,5 MET son consideradas AF. Esta definición incluye movimientos durante el tiempo libre, desplazamientos cotidianos, tareas domésticas, trabajo y otras actividades diarias, como caminar, subir escaleras, bailar, andar en bicicleta, practi- car deportes o realizar actividades recreativas (WHO, 2020). Pese a los beneficios de la AF, en Chile los niveles de IF y con- ductas de tipo sedentarias son elevados y presentan marcadas diferencias según género, edad y nivel socioeconómico y edu- cacional, afectando desproporcionadamente a mujeres, perso- nas mayores y población de menor nivel socioeconómico (MIN- SAL, 2017; Ministerio del Deporte, 2018; Ministerio del Deporte, 2024; Mora et al., 2024; Zamora y Portela, 2024). Además de las mediciones de IF reportadas por el Ministerio de Deporte (revisadas en el planteamiento del problema), se suma la evidencia del Ministerio de Salud (MINSAL) a través de la Encuesta Nacional de Salud (ENS). La última ENS (2016-2017) revela que el 90% de las mujeres y un 83% de los hombres no practican deporte ni realizan suficiente AF fuera de su horario laboral – definición MINSAL de sedentarismo (MINSAL, 2017). Además, considerando únicamente la AF de tiempo libre, los datos de esta Encuesta muestran que un 30% de los hombres adultos alcanzan la meta recomendada por la OMS, mientras que sólo un 15,3% de las mujeres lo logra (Mora et al., 2024). El acceso a oportunidades para la AF está atravesado por des- igualdades territoriales, de género, edad, clase, condición mi- grante y diversidad funcional. Desde una perspectiva individual Silva et al. (2020), plantean que las personas habitan la ciudad en desigualdad de condiciones, enfrentando barreras físicas y simbólicas que restringen su movilidad y visibilidad en el espa- cio público. Esto se ve exacerbado por una planificación urbana fragmentada que privilegia un sujeto ciudadano estandarizado, que puede vivir, aparecer y transitar por la ciudad con legitimi- dad, mientras que otros no. Aunque la investigación y las políticas públicas se han concen- trado en factores individuales, aspectos psicológicos, motiva- cionales y educativos, la práctica de AF está fundamentalmente determinada por condiciones estructurales del entorno urbano como la infraestructura para movilidad activa (caminar o des- plazarse en bicicleta); la disponibilidad y accesibilidad de áreas verdes; un sistema de transporte público eficiente y conectado; y la calidad del espacio público, su distribución territorial y la configuración urbana (WHO y UN Habitat, 2016; Nieuwenhuijsen et al., 2018; WHO, 2019; UN Habitat y WHO, 2020). Las políticas para fomentar la AF, a pesar de la evidencia, han mantenido un enfoque individual centrado en la responsabilidad personal, 3. ANTECEDENTES
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