Policy Brief - Promoción a la actividad física desde una perspectiva de diseño urbano

4 Ministerio de Obras Públicas), para priorizar la creación y pre- servación de espacios para la movilidad activa y la recreación, especialmente en comunidades desatendidas. Ámbito institucional y de gobernanza: Se recomienda esta- blecer formalmente una mesa intersectorial de actividad física liderada por la secretaría ejecutiva del Sistema Elige Vivir Sano. Esto conlleva el fortalecimiento del Sistema y otorgarle poder real de coordinación entre Ministerios. Ámbito financiero: Se propone asignar fondos específicos, sostenidos y descentralizados a los Municipios para crear es- pacios públicos en zonas periféricas y de bajos ingresos, imple- mentando presupuestos participativos a nivel local. Se deben crear líneas de financiamiento permanente para programas de actividad física masiva, como los programas Calles Abiertas Fa- miliares o CiCloRecreoVía, que permita la continuidad de estas iniciativas. Estos fondos pueden ser del Sistema Elige Vivir Sano, de la Gobernaciones o directamente de los Municipios. Ámbito social y participativo: Se sugiere implementar meca- nismos de participación ciudadana vinculante en la planificación urbana (a cargo de los Ministerios responsables), asegurando que las voces de mujeres, personas mayores, niñeces, cuidado- res y personas con discapacidad sean centrales en el proceso de diseño. Si bien existen instancias de participación, el foco en la movilidad activa y oportunidades para la actividad física necesita ser reforzado. 2. PLANTEAMIENTODEL PROBLEMA La actividad física (AF) es una estrategia preventiva de alto im- pacto y una de las mejores inversiones en salud pública (Bull et al., 2020; King et al., 2019). Sus beneficios son múltiples: re- duce enfermedades cardiometabólicas, hipertensión, diabetes, obesidad y diversos tipos de cáncer (mama, colon, endometrio, gastroesofágico y renal), disminuye la mortalidad general y car- diovascular (2018 Physical Activity Guidelines Advisory Commi- ttee, 2018; Ekelund et al., 2019; WHO, 2020), y mejora la salud mental, reduciendo síntomas de depresión, ansiedad y estrés (OMS, 2022). La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la prác- tica regular de AF: en adultos y personas mayores al menos 150 minutos semanales de AF moderada ó 75 minutos de AF vigo- rosa o una combinación equivalente de ambas, la recomenda- ción incluye también, realizar ejercicios de fortalecimiento mus- cular en dos o más días por semana (WHO, 2020); en niñeces y adolescentes (NA) de 5 años a 17 años, las recomendaciones son de una hora diaria, con un mínimo de tres días a la semana de AF aeróbica y fortalecimiento muscular y óseo (WHO, 2020). La inactividad física (IF), definida como no cumplir con la re- comendación de la OMS, se asocia a un impacto significativo en la carga de enfermedad a nivel poblacional. Esta condición contribuye a un aumento de los costos sanitarios, además de generar una importante pérdida de años de vida saludables, tal como lo demuestran estudios recientes (Katzmarzyk, 2023; Santos et al., 2023). En Chile, alrededor del 83% de la población adulta y casi un 90% de NA, no cumplen las recomendaciones de AF de la OMS, cuando consideramos sólo la AF en tiempo libre. Hay que des- tacar que la AF de tiempo libre es la que tiene el mayor respaldo de eficacia en salud (Prince et al., 2021; Coenen et al., 2024). Por otra parte, cuando usamos la medición multidimensional de la AF (AF en tiempo libre, AF por transporte activo, ocupacional, doméstica y escolar), la prevalencia de IF baja a 55,1% en adul- tos y a 73,6% en NA (Ministerio del Deporte, 2024). Analizar las cifras de AF o de IF de una población, obliga a ir más allá de las causas individuales. La evidencia sostiene que la causa principal de este problema trasciende las decisiones personales, siendo un factor determinante el diseño del entor- no urbano. Los entornos construidos, esto es, entornos creados o modificados por el ser humano tales como calles, veredas, parques, ciclovías, transporte, edificios y otros elementos de in- fraestructura urbana, poseen un alto potencial para promover AF a nivel poblacional. Sin embargo, históricamente han reci- bido una atención insuficiente en materia de políticas públicas y planificación (Hooper et al., 2015; Sallis et al., 2016; Barnett et al., 2017; OMS, 2018; Giles-Corti et al., 2019; Devarajan et al., 2020; OMS, 2022). Dependiendo de su diseño, infraestructura, accesibilidad y seguridad, las ciudades podrían actuar como un factor protector que facilita la AF o, por el contrario, convertirse en una barrera que la limita. El diseño urbano, disciplina que planifica y organiza el espacio físico de ciudades, barrios y espacios públicos, resulta funda- mental para mejorar la calidad de vida y favorecer el desarrollo urbano sostenible y equitativo (Carmona et al., 2003). Define no sólo la disposición de calles, plazas o ciclovías, sino las opor- tunidades de movilidad activa, seguridad y accesibilidad en las rutinas cotidianas (Gehl, 2010; UN-Habitat, 2016). Las posibilidades de ser físicamente activo/a están condicio- nadas por el entorno urbano, donde se observan profundas desigualdades. La disponibilidad de parques, plazas, ciclovías y aceras iluminadas influye directamente en las oportunidades

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