Pulvis et Umbra
76 En Chile, las primeras capturas daguerrotípicas se realizaron en 1843, cuan- do el fotógrafo francés Philogone Daviette trajo de Europa los primeros equipos de daguerrotipo al país. Al igual que en París, el formato que popularizó la fotografía fue la Carte de Visite, que permitió la instalación en Valparaíso, Santiago y Concepción de diversas casas fotográficas, entre las cuales destacaron: Helsby, fundada por Wi- lliam Helsby en Valparaíso, que fue una de las primeras casas fotográficas en ofrecer retratos y paisajes en daguerrotipo; Casa Garreaud, propiedad de Pedro Emilio Ga- rreaud, donde trabajaron fotógrafos como Félix Leblanc y Jorge Valck Wiegand; Díaz y Spencer, estudio fotográfico que ganó notoriedad en la segunda mitad del siglo XIX (Rodríguez, 2001). Los álbumes fotográficos en Chile mostraban los intereses y valores de la sociedad que se desarrollaba tras la era colonial. El avance hacia la modernidad fue documentado por la fotografía en contextos privados mediante el álbum familiar, don- de se registraban la moda europea y los eventos religiosos católicos. Estos álbumes se convirtieron en símbolos del estatus social, reflejando la prosperidad del hogar y la importancia de la familia. En el siglo XX, la fotografía se convirtió en un fenómeno social influenciado por la estructura de clases y los hábitos culturales. Bourdieu (2003) señala que la fotografía cumple funciones sociales, como preservar recuerdos, expresar identidad y demostrar prestigio social; su uso está condicionado por factores económicos y normas sociales. En Chile, Kodak impulsó el acceso y la democratización de la fotografía en 1927, y permitió a la clase media acceder a tecnologías antes exclusivas. Las familias comenzaron a documentar sus vidas y eventos con cámaras accesibles, rollos trans- parentes y revelado a color. De ese modo, crearon álbumes familiares que hoy son valiosas fuentes de memoria histórica y artística. En este contexto, el álbum funerario de Albino Bruna se convierte en un reflejo emblemático de una práctica cultural que trascendía lo doméstico para aden- trarse en los rituales de despedida. Este registro, perteneciente a una familia de clase trabajadora, sugiere una integración del servicio fotográfico funerario en los paquetes ofrecidos por funerarias de la época. Las fotografías de este álbum fueron realizadas por la Casa Fotográfica Teófilo Lorca, ubicada en el Taller Portales de la calle C. Ge- neral N° 82, Avenida México 391, dirección que es posible constatar al interior del mismo cementerio. Este dato no solo refuerza la centralidad de la fotografía en los
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