Pulvis et Umbra
37 material, su masa, su peso específico, su vida propia y su tiempo propio, y dejándolas disponibles en todo momento” (Han, 2018, p. 78). Así, la noción de vanitas adquiere nuevas dimensiones críticas frente a un presente marcado por la disolución de los límites corporales y simbólicos. En ausencia total del cuerpo y su concepción de finitud, Pulvis et Umbra nos trae de vuelta la alegoría de la muerte, a través de una relectura del método ópti- co-intuitivo fundado por San Ignacio de Loyola (1491-1556), quien recomendaba a los sacerdotes promover el apoyo gráfico para la oración personal estipulada en los Ejer- cicios Espirituales . Esta sugerencia se fundamentaba en que la imagen, fuera estampa o pintura, permitía sensibilizar eficazmente a los fieles en torno a la vida y la muerte de Jesucristo. En otro contexto, el artista visual Rodrigo Bruna reafirma y consolida este método a través del ejercicio visual-retórico-performativo, en el que la fotografía, el video y la imagen proyectada son un símil de la estampa, cuya visualidad sirve de andamiaje pedagógico del concepto pulvis et umbra . La obra instalativa se ha presen- tado con distintas variantes, las que conforman una oración; es decir, una unidad de sentido cuya acción performativa, indistintamente, se convierte, junto con los demás elementos que la componen, en un rito laico sobre la muerte. En 1563, el Concilio de Trento decretó el uso de las imágenes como instru- mento de adoctrinamiento, cuyo programa iconográfico prestigiaba dogmas religiosos, sistemas políticos, instituciones sociales e incluso planteamientos científicos y filosóficos (Sebastián, 1989). Es así como el paradigma mimético Ut pictura poesis del arte clásico renacentista se transformó en el arte de persuadir con la razón y la emoción: Ut retho- rica pictura, con el cual la Iglesia Católica actuó ante la Reforma protestante: Enseñen diligentemente los obispos que por medio de las historias de los misterios de nuestra redención, expresadas en pinturas y en otras imágenes se instruye y con- firma al pueblo en los ar tículos de fe, que deben ser recordados y meditados conti- nuamente y que de todas las imágenes sagradas se saca gran fruto, no solo porque recuerdan a los fieles los beneficios y los dones que Jesucristo les ha concedido, sino porque se ponen a la vista del pueblo los milagros que Dios ha obrado por medio de los santos y los ejemplos de sus vidas saludables, a fin de que den gracias por ellos, conformen su vida y sus costumbres a imitación de los santos, y se muevan a amar a Dios y a practicar la piedad (Sebastián, 1989, p. 63). En la historia del arte, la preocupación de los artistas por la finitud de la vida comenzó a desafiar los principios del arte clásico renacentista y sirvió como preludio al Barroco.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=