Pulvis et Umbra
38 Este cambio se manifestó en el Manierismo, un estilo que Arnold Hauser (1998) de- nomina “privado”, el cual rompió con la armonía intelectual del canon mediante un enfoque más subjetivo; en este estilo, la introspección y la exploración de lo espiritual y lo religioso se convirtieron en reflejos característicos de su época. El período Barroco, que abarcó desde el siglo XVII hasta parte del XVIII en Europa occidental, se manifestó con enfoques diversos dependiendo de la región. En Italia, España y Francia predominaban los temas religiosos, que ilustraban aspectos terrenales de la vida de Jesús, los Santos y la Virgen. Un ejemplo destacado es la obra La incredulidad de Tomás (1601) de Caravaggio, donde el realismo intenso de los per- sonajes refleja la mortalidad humana. Por otro lado, en los países protestantes, especialmente en Holanda, el con- cepto de la fragilidad humana se transmitía a través de la representación de la natu- raleza y de los objetos cotidianos. Estos elementos, que componían la vanitas, se cla- sificaban en dos categorías: los objetos de la vida práctica y los de la vida voluptuosa. Según Sebastián (1989, p. 95), “La vita práctica incluye joyas e insignias de poder, sím- bolos del dominio y la riqueza humana, mientras que la vita voluptuaria abarca objetos asociados con el placer humano, como copas, instrumentos musicales y cartas”. Por esta vía, los objetos adquieren la cualidad de la insignificancia, lo pasajero y lo terrenal; para representar aquello se disponían cráneos, velas apagándose, pompas de jabón, relojes, frutas pudriéndose, flores marchitándose, bebida, instrumentos mu- sicales, libros, armas y joyas. Desde el ámbito pictórico, la luz, la penumbra y la sombra (claro-oscuro) aparecen invadiendo la escena, como un telón de fondo que cae y con él, la vida. La vanitas se convierte, de este modo, en una propuesta moral que circula también en la literatura junto a ilustraciones grabadas, que permiten fijar la imagen y, con ello, el significado de la vanitas como una advertencia ante la vida profana: Vanidad es desear larga vida, y no curar que sea buena. Vanidad es pensar solamente en esta presente vida, y no proveer a lo venidero. Vanidad es amar lo que tan presto pasa, y no apresurarse donde está el gozo perdurable. Acuérdate continuamente de la escritura que dice: no se harta el ojo de ver, ni la oreja de oír. Pues así es, estudia desviar tu corazón de lo visible, y traspásalo a lo invisible; porque lo que siguen su sensualidad, ensucian su conciencia, y pierden la gracia de Dios (Kempis, 1473/2017, p. 9). Dicho programa iconográfico no hubiera sido posible sin la imprenta y su capacidad ilimitada de reproducción mecánica, en donde el libro ilustrado, con la estampa grabada
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