Pulvis et Umbra
27 A fines de la Edad Media, la concepción de la muerte sufre un cambio: se transita de una conciencia colectiva que la admite como un hecho inevitable, a una con- ciencia individual que asume la muerte como un hecho aterrador que pone en valor el juicio particular (Morel, 1990, p. 720). Frente a esta premisa, la muerte se transforma en un ente real que personifica las calamidades del hombre: la peste, la guerra y el hambre. En este contexto se hace conocida La danza de la muerte, obra compuesta por versos que apela a lo fugaz de la existencia y al irrecusable acontecer del fin de la vida. A través de ilustraciones sobre el relato, podemos ver a la muerte, personificada en un esqueleto, invitando a nobles, clérigos y plebeyos a danzar alrededor de una se- pultura. Mediante la sátira y la crítica social, el relato manifiesta el hecho de que tanto poderosos como humildes sucumbirán indistintamente frente a la muerte. A inicios de la Edad Moderna, se hizo conocida la obra Ars Moriendi (‘El arte de morir’) nombre dado a un conjunto de textos anónimos surgidos de un manuscrito alemán del siglo XIV, recopilado en latín y traducido a diversas lenguas en Europa. La obra tenía como objetivo enseñar a religiosos y laicos los protocolos cristianos que orientaban una buena muerte (Morel, 1990, p. 722). Durante esta época la aprensión hacia la muerte se traduce en un miedo a no haber llevado una buena vida y, por lo tanto, ser enjuiciado y condenado al infierno. En voz de Philippe Ariès, el juicio final acontece a los pies de la cama del moribundo y añade: El cielo y el infierno han descendido a su habitación: por un lado, Cristo, la Virgen y todos los santos; por otro, los demonios, que sostienen a veces el libro de cuentas en que se están registradas las buenas y malas acciones (Ariès, 2000, p. 109). Ante esta situación, surge la necesidad de tener un plan de salvación que vele por las almas aterrorizadas. Es así como vuelve a tomar importancia el testamento como un contrato suscrito entre el testador y la Iglesia. Según Ariès, “El objetivo del testamento era el de obligar al hombre a pensar en la muerte cuando aún estaba a tiempo de ha- cerlo” (2000, p. 179). Mediante este documento se busca no solo asegurar el bienestar de los herederos, sino también la satisfacción del propio testador, quien, a través de la realización de obras pías y caritativas, asegura su plan de salvación. Donativos a iglesias y hospitales, junto con la ejecución de misas para el descanso del alma, son algunas de las formas en que el evergetismo del periodo se manifiesta. Un caso particular de este tipo de altruismo fue Gonzalo Ruiz de Toledo, noble español conocido por sus obras pías y donativos, acciones que le valieron el respeto y la fama de hombre piadoso. Su muerte fue representada por El Greco en su famosa pintura El entierro
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