Para que nadie que atrás. A la memoria de nuestras(os) compañeras(os) y maestras(os)

254 Algo que lo hacía reír a destajo lo lograba un amigo de infancia y de colegio, cuando lo iba a saludar por su onomástico: le hacía ver que, en el Mes de los Santos, era el único privilegiado que festejaba por partida triple seguidamente: para San Juan, San Guillermo y “San Pelayo”, esto último en alusión a su ya notoria y prematura calvicie. Junto a J. G. M. conversábamos varios compañeros animadamente en el inicio de la escala que llevaba al segundo piso de nuestra es- cuela. Desde arriba bajaba rápidamente el “Pelao” Vicuña, casi úni- co representante de la derechista Juventud Nacional y muy apre- ciado en general por su respetuosa manera de relacionarse, aunque era de un curso superior al nuestro. De repente, él resbala y gracias a la oportuna reacción de los allí presentes, no se cae de bruces al piso al sostenerlo con éxito. Ahí J.G. sale con su proverbial ingenio: “Cuidemos a este cabro, porque es el único «momio» que tenemos en la escuela y no lo podemos perder”. Carcajadas al unísono, inclu- yendo al propio Vicuña, que se quedó entretenido conversando en ese grupo de “izquierdosos”. Así era Juan Guillermo. Un ser en que el sentido del humor se armonizaba con su vocación de maestro del periodismo foto- gráfico. Comenzó en los propios años de estudiante, cuando el profesor Domingo Ulloa lo tomó como ayudante junto a Samuel Urzúa. Más tarde formó parte del cuerpo académico fundador de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Santiago de Chile, creada en 1992. Fue simultáneamente un connotado reportero gráfico de La Terce- ra, con su eterna vocación de formador de profesionales del perio- dismo. Como si hubiera prevalecido en él la impronta de la hasta ahora añorada Escuela de la calle Los Aromos, en ese edificio con aspecto de cuartel de bomberos, en cuyo subterráneo aprendimos fotograf ía con cámaras analógicas, tanques de revelado, bandejas de fijador y ampliadora. Juan Guillermo Mellado nos dejó un día de junio del 2025, tras un imprevisto y maldito cáncer que le atacó la columna vertebral. Si bien perdimos su alegría que nos transmitía por doquier, nos dejó el recuerdo imborrable de su sincera amistad y cariño que nos com- partió a raudales...hasta el último de los encuentros que asistió tras nuestro egreso y que aún se prolongan. Nuestras vibras positivas para él, en cualquier dimensión del universo en que esté, sabiendo que su espíritu está acompañándonos con su alegría eterna. Siempre alegre. Con Bernardita Maturana.

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