Para que nadie que atrás. A la memoria de nuestras(os) compañeras(os) y maestras(os)

Para que nadie quede atrás 253 Leo, que heredó de su progenitor el gusto por la música e integra actualmente el grupo Calenda Maia, recalca que Juan Guillermo fue un padre muy presente, a veces autoritario cuando debía serlo, pero mayormente muy cariñoso. Lo demostró, particularmente, con su hija minusválida Bernardita, a quien siempre con su esposa, Mónica, le entregaron todo su amor filial en el día a día. Con su esposa, a pesar de sus divergencias lógicas, nunca termi- naban enojados y al final llegaban a un acuerdo, porque a la larga predominaba el amor verdadero entre ambos. Leonardo agrega, emocionado, que su padre lo llamó cuando estaba cercano su fin, para preguntarle “cómo estaba” y piensa que hizo lo mismo con todos a quienes apreciaba en su entorno. Toda esta realidad sintetiza la esencia de nuestro apreciado “Juan Guille”: un ser muy gregario, que le encantaba estar reunido con toda su familia y los parientes partiendo por sus nietos y sobrinos, así como con sus amigos más cercanos. Comparto una experiencia personal con él, cuando hicimos la práctica profesional mientras estábamos en la U: Aconteció en la entonces Radio La Verdad e íbamos por las tardes, donde debía- mos redactar cuatro boletines horarios. Como emisora pequeña y de escasos recursos, solo disponíamos como fuente de informa- Anécdotas al estilo “Juan-Gui” ción los diarios de la mañana y del vespertino La Segunda. De este último, sacamos un Top Secret referido a problemas de plata en la Logia Masónica de Chile y que salió al aire. Quedamos despedidos al instante porque, dentro de nuestra inexperiencia profesional, ig- norábamos que la radio pertenecía a esa organización. Debimos cerrar la puerta por fuera y, al salir, Juan Guillermo salió con su hu- morada: “Panchito, pasamos de masones a ser simples mesones”....y nos largamos a reír. Tras un evento cultural en el Barrio Bellavista, Juan Guillermo nos ofreció llevarnos en su auto de vuelta al diario La Tercera a cuatro colegas de Copesa. Nos contó que sabía de un atajo para acortar camino por un puente del Mapocho que estaba en refacción (hoy Teatro del Puente), el que contaba con una pequeña vía interna para pasar y que muy pocos conocían. Pero justo ese día, tal pasada estaba cerrada por un evento especial. Fuimos al otro puente (Lo- reto), pero estaba en reparaciones y debimos ir a la cuadra siguien- te donde, para su mala suerte, hubo un accidente que imposibilita- ba pasar. Dimos la vuelta del perro y ahí estallamos en una risotada total y, desde ese momento por algún tiempo, se recordó ese hecho como “El atajo de Mellao”. Con su buen sentido del humor, se reía y hacía como que se enojaba cuando risueñamente le aludíamos tan paradójica situación. Con Ingrid Sucarrat. Encuentro de curso 2017. Juan Guillermo y su esposa, Mónica González.

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