Para que nadie que atrás. A la memoria de nuestras(os) compañeras(os) y maestras(os)

Para que nadie quede atrás 249 No es que nuestra amistad hubiera nacido apenas llegó a la Es- cuela en calle Los Aromos. María Eugenia Borel ingresó bajo un programa que le permitía mantener su trabajo en laFacultad de Ingeniería en Beauchef, así que nuestro vínculo fue creciendo bajo esas restricciones de tiempo-espacio. Entre el café en nues- tro pequeño casino que dirigían el Viejo Alfredo y su esposa y los pimponeos de los ratos libres, desde esos encuentros sociales fue forjándose una amistad que nunca fue quebrantada, pese al cierre temporal de la Escuela por el gobierno militar. Muy por el contrario, nuestros lazos se vieron reforzados, expandiéndose a nuestra familia, mientras llegaban los hijos. En nuestra vida estudiantil, la biblioteca solía ser buen punto de encuentro con archivos de los periódicos de la época con rim- bombantes titulares políticos. Irreverentes y chistosos como los de El Clarín y Puro Chile y los editoriales con que El Mercurio y El Siglo debatían, eran nuestras conversaciones obligadas para responder en las pruebas de actualidad noticiosa. Los aconteci- mientos de la guerra en Vietnam era un interés que yo compartía con su pareja de la época y más de una vez fui a su casa para re- UNA AMISTAD NUNCA QUEBRANTADA Por Lina Castañeda Carrasco visar el mapa de la guerra. Visitas que él me contó la ponían un poco celosa. Pero yo aspiraba a seguir los pasos de grandes del periodismo como Mario Planet, director de la Escuela, o de Luis Hernández Parker y a la postre dedicarme al análisis de la contin- gencia internacional. Lina Castañeda y María Eugenia. Amigas y compañeras de siempre.

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