Para que nadie que atrás. A la memoria de nuestras(os) compañeras(os) y maestras(os)

Para que nadie quede atrás 247 Generosa, solidaria, opinante, siempre dispuesta a apoyar a quie- nes pasaban por malos momentos en los tiempos dif íciles de la dictadura. Su mano, su oído y su bolsillo aliviaban la cesantía, la ansiedad y el miedo. Jamás habló de ello. Amiga de sus amigos y amigas, no juzgaba jamás a quienes vivían fuera de la norma. Una osadía para aquellos tiempos. Cuando la larga noche llegó a su fin, disfrutó de algunos placeres de la existencia. Su preciosa casa en Las Perdices, plena de her- mosos jardines y sus amados felinos. Todo comenzó cuando al- guien le regaló una gatita. Scarlett fue la emperatriz que dominó la tribu, que llegó a tener ocho integrantes. Los recuerdo en todas partes de la casa. Arriba del refrigerador, estantes, camas y venta- nas. Les hablaba con cariño y también los retaba. Salvó a muchas creaturas, recogió en las calles, alimentaba michis allegados a los guardias. También amó a los perros. Marilyn, una salchicha cari- ñosa, y su hijo fueron grandes compañeros. Y al final, Néstor ani- mó sus días en Algarrobo. En la clínica, ahuachó gatos tránsfugas y se hizo cargo de dar comida a los peces. Estupenda cocinera y animosa comensal, en Las Perdices reunía a sus amigos y preparaba delicias que ya no se ven. Recuerdo con fijación un magnífico queso de cabeza con que nos deleitó hace años. Ella tenía sus caseros que le vendían las cabezas de marrano y se sumergía con placer en su trabajosa preparación. Le encanta- ban los causeos y compartíamos telefónicamente recetas de todo tipo. Curiosamente para la época y para vivir con un único riñón, era fuerte y buena deportista. Jugaba tenis y caminaba, hasta sus úl- timos tiempos aplanaba Algarrobo. Le encantaba viajar y pudo hacerlo, por trabajo y por placer. Inquieta intelectualmente, fue gran lectora y se plegó sin mañas a la llegada de la tecnología di- gital. Estaba atenta a dominar los artilugios y sus usos. Una osada solidaridad Fuerte, peleadora, divertida y audaz Tenía su carácter. Fuerte. Peleadora, se indignaba con los locuto- res de TV y les discutía. A veces irritable. Me retaba por un atra- so, por llevar el pelo suelto, por llamarla muy tarde y por no lla- marla. También sufrió. Grandes rabias e injusticias le botaron el pelo. Y tristezas, por no sentirse tomada en cuenta en su familia de origen, por ver partir a tantos amigos al exilio, por este mundo desigual. Encontró gran consuelo en su tía Inés y sus almuerzos dominicales, sus primas, sobrinas, sobrinos y sus hermanos Pan- cho, Fernando y Edmundo. Partió sin perdonar a su madre. Divertida y audaz. Cuando nació mi hija mayor, ella y Lina tras- gredieron las estrictas normas y se aventuraron por vericuetos Escuela Los Aromos, años 70. María Eugenia, Jaime Severino, Marianela Velasco y Susana Vasquez.

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