Para que nadie que atrás. A la memoria de nuestras(os) compañeras(os) y maestras(os)
246 María Eugenia Borel INDEPENDIENTE HASTA LOS HUESOS Por Ruth Marianela Velasco Villafaña La conocí en 1971. Ella ingresó ese año a Periodismo en la Uni- versidad de Chile de Santiago. Yo venía trasladándome desde la Chile de Valparaíso, actual Universidad de Playa Ancha. Por lo tanto, éramos “mechonas”. Lina, nuestra gran amiga, ya tenía un año en la Escuela de Periodismo. María Eugenia Borel nació en Traiguén. Su familia tenía un fun- do en Galvarino y, como se estilaba en esos tiempos, fue enviada al internado del Liceo de Niñas de Traiguén y posteriormente a Temuco. Guapa, segura de sí misma, ingeniosa, alegre y deslenguada, era la única mujer de una camada de cinco hermanos. Libre como no se usaba en la época, fue regalona de su padre y bastante ignora- da por su madre. Independiente hasta los huesos, vivía sola en la capital. Contrariando a su familia, que esperaba verla casada y bien asen- tada en el sur, se había venido a hacer su vida a Santiago. Entró a trabajar como secretaria en la Facultad de Ingeniería, en Beau- chef, y por su buen desempeño consiguió ingresar becada a la Universidad de Chile. Tras un breve paso por Geología y otras experiencias, llegó a Pe- riodismo, que la atrapó y fue una alumna entusiasta y cumplido- ra. Ella era mayor que el promedio de estudiantes, lo que no fue obstáculo para su integración y popularidad. Amistosa, su departamento de un ambiente en calle Carrera aco- gía a voraces grupos de estudiantes que terminaban el carrete de madrugada comiendo tallarines con salsa y sardinas, nutrientes que sacaba de una maleta que hacía las veces de despensa debajo de su cama. Coqueta, cercana y graciosa, encendía pasiones a diestra y sinies- tra. Tuvo muchos amores y desamores, sin embargo, eligió que- darse sola y nunca lo lamentó. Su familia fuimos sus amigos, un privilegio que se extendió a mi casa completa. No faltó a asados, curantos y paellas, disfrutando de conversaciones intergenera- cionales con los ideales que vimos truncarse en 1973. María Eugenia Borel: siempre solidaria.
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