Para que nadie que atrás. A la memoria de nuestras(os) compañeras(os) y maestras(os)

238 presidió en varias ocasiones el Tribunal Nacional de Ética y Dis- ciplina, convirtiéndose también en una estudiosa del tema. Es que Lidia era una matea. No asumía ningún cargo ni tarea sin estudiar a fondo el tema. Así lo hizo cuando comenzó a trabajar para el mundo campesino en el ICECOOP (Instituto Chileno de Educación Cooperativa), donde diseñó los cursos para formar comunicadores campesinos de manera que escribieran sus propios mensajes y los transmi- tieran en medios manejados por ellos. Cinco años estuvo en esas funciones, pese a lo dif ícil que era convencer a los campesinos de la importancia de las comunicaciones. La dictadura había hecho profundos cambios en el mundo rural. Se acabaron los “campesinos” y todos pasaron a ser “agricultores”, como comprobó en su siguiente trabajo en la ONG GIA (Grupo de Investigaciones Agrarias). El mundo mapuche tampoco le fue ajeno pues también trabajó en la Comisión Especial de Pueblos Indígenas (CEPI) y luego en la ONG Sur, que le pidió evaluar los progresos del Consejo de To- das las Tierras en la promoción y recuperación de sus derechos. Su último trabajo en prensa fue en el diario La Nación, donde se hizo cargo de las páginas de opinión. Poco a poco fue bajando el ritmo de una vida intensa donde cada desaf ío lo enfrentó con pa- sión, pero sin buscar nunca el protagonismo. “Quitada de bulla”, como le decían algunos colegas, lo suyo era el trabajo de hormiga. Obtuvo un merecido reconocimiento en 2022 al recibir el Premio a la Trayectoria en Memoria y Derechos Humanos, otorgado por el Museo de la Memoria y el Colegio de Periodistas. Silenciosamente dejó este mundo el 10 de noviembre de 2024, a los 86 años, dejando un legado de lucha y defensa del periodismo que llevaba en el alma. Recibiendo el Premio Memoria y Derechos Humanos

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