La palabra maldita y otros escritos urgentes

81 mismo que nosotros vivimos y que se nos parecen como la gota a la gota de agua. Por parecérsenos, ellos nos dan todo gusto y después de haberles oído volveremos confortados a nuestras casas y nunca más nos sentiremos huérfanos. Una biblioteca es también el barco de Simbad el Marino o la mula de los Marco Polo, o el asno de Sancho: cada libro, bien mirado, es una aven- tura mental que a veces por lo vívida llega a parecer física. Como las gentes de la provincia son seden- tarias forzadas, personas no navegadas, casi unos prisioneros de pies cortados, la caminata y la nave- gación se la conocen solamente gracias a los Sven Hedin o las Selma Lagerlöff, o por nuestro Mariano Azuela, vuestro Martín L. Guzmán o por el Mar- tín Fierro o por Benjamín Subercaseaux. iQué fiesta! Vamos atravesando sierras, desier- tos, cordilleras o mares frenéticos. Bastan unas pizcas de imaginación o de mera buena voluntad para hacer el viaje de bracete con el andador o jinete. Esto es llevar compañía grande, pues hasta el Lazarillo de Tormes y el Periquillo Sarmiento

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