La palabra maldita y otros escritos urgentes

80 81 mismo que nosotros vivimos y que se nos parecen como la gota a la gota de agua. Por parecérsenos, ellos nos dan todo gusto y después de haberles oído volveremos confortados a nuestras casas y nunca más nos sentiremos huérfanos. Una biblioteca es también el barco de Simbad el Marino o la mula de los Marco Polo, o el asno de Sancho: cada libro, bien mirado, es una aven- tura mental que a veces por lo vívida llega a parecer física. Como las gentes de la provincia son seden- tarias forzadas, personas no navegadas, casi unos prisioneros de pies cortados, la caminata y la nave- gación se la conocen solamente gracias a los Sven Hedin o las Selma Lagerlöff, o por nuestro Mariano Azuela, vuestro Martín L. Guzmán o por el Mar- tín Fierro o por Benjamín Subercaseaux. iQué fiesta! Vamos atravesando sierras, desier- tos, cordilleras o mares frenéticos. Bastan unas pizcas de imaginación o de mera buena voluntad para hacer el viaje de bracete con el andador o jinete. Esto es llevar compañía grande, pues hasta el Lazarillo de Tormes y el Periquillo Sarmiento con los codos y nuestro padre el Dante, el deste- rrado, conversará con sus propios florentinos de los cuales divorció sus huesos. Hasta puede decirse que una biblioteca se parece a pesar de su silencio a un pequeño campo de guerrillas: las ideas aquí luchan a todo su gusto. Nosotros, los lectores, solemos entrometernos en la brega sin sangre, pero lo común es que asisti- mos sin riesgo alguno al espectáculo gratuito y que enciende hasta a los tibios. Los más acuden a una biblioteca por encon- trarse a gentes de su credo o su clan, pero venimos, sin saberlo, a leer a todos y a aprender así algo muy precioso: a escuchar al contrario, a oírlo con gene- rosidad y hasta a darle la razón a veces. Aquí se puede aprender la tolerancia hacia los pensamien- tos más contrastados con los nuestros, de lo cual resulta que estos muros forrados de celulosa traba- jan sobre nuestros fanatismos y nuestras soberbias, según hacen la lima alisadora y el aceite curador. Pero sucede también que en ocasiones tene- mos aquí gozosos encuentros: eso pasa cuando nos hallamos con hermanos nuestros que vivieron lo

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=