La palabra maldita y otros escritos urgentes
78 79 a cada uno de nosotros, y a la América una honra adulta que nos permita hablar de ella sin que se nos enrede la lengua en su elogio, como suele enredár- senos cuando damos el dato sano y escondemos astutamente los costrosos y feos: los de su fabu- loso latifundismo. ¿ Q u é e s u n a b i b l i o t e c a ? Una biblioteca es un vivero de plantas frutales. Cuando bien se la escoge, cada una de ellas se vuelve un verdadero «árbol de vida», adonde todos vienen para aprender a sazonar y a con- sumir su bien. Lo mismo que en el vivero no hay en las biblio- tecas plantas iguales, aunque las haya semejantes, porque la biblioteca es un mundillo de variedad que no debe cansar nunca. Aquí están los fuertes y los dulces, los cuerdos y los desvariados, los serios y los juguetones, los conformistas y los rebeldes. Una biblioteca es también un lindo coro de voces; ninguna de ellas, desde la más aguda a la más grave, es igual a otra, pero hasta las más con- trastadas acaban reconciliándose dentro de nues- tra alma, gran reconciliadora. Lope y Quevedo, que se pelearon bastante, aquí estarán tocándose * Palabras al inaugurar una biblioteca popular en Veracruz, México (1949). Repertorio Americano (Costa Rica), 1950.
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