La palabra maldita y otros escritos urgentes

73 Hace seis años yo mandé a Chile mi primer artículo sobre la reforma agraria en México. Desde entonces, y sin hacer artículos de especialidad que no sé escribir, he dicho cada vez que he podido mi aborrecimiento de nuestro feudalismo rural, con- tando qué hombre completo —con suelo, con casa, con educación agrícola, con sensibilidad para la extensión verde—me he encontrado en mi camino, que no hago cantando como creen, sino mirando, hecha entera ojo para los míos, ojo chileno, que ve neto y mira sin pestañeo. Siete años hace que yo leo y oigo de Chiles nuevos, volteados desde las entra- ñas, dicen, para la rectificación valerosa de nuestros reumas de rutina colonial y nuestros abscesos de corrupción republicana. Yo no he entendido detrás de tanta sonajera necia sino un mejoramiento de la clase media, la más herida de nuestras tres cas- tas hindú-chilenas... La campesina no hablaba ni contaba en los meetings de seis horas o de tres días, que venimos oyendo y sufriendo hace siete años. ¿Dónde estaba? Haciendo lo que comen y beben las otras: los trigos de Angol, tan dulces en nues- tras colinas, y los vinos de Aconcagua, cuyo buen

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