La palabra maldita y otros escritos urgentes
64 65 M e n o s c ó n d o r m á s h u e m u l Los chilenos tenemos en el cóndor y el huemul de nuestro escudo un símbolo expresivo como pocos y que consulta dos aspectos del espíritu: la fuerza y la gracia. Por la misma duplicidad, la norma que nace de él es difícil. Equivale a lo que han sido el sol y la luna en algunas teogonías, o la tierra y el mar, a elementos opuestos, ambos dotados de excelencia y que forman una proposición difícil para el espíritu. Mucho se ha insistido, lo mismo en las escuelas que en los discursos gritones, en el sentido del cón- dor, y se ha dicho poco de su compañero heráldico, el pobre huemul, apenas ubicado geográficamente. Yo confieso mi escaso amor del cóndor, que al fin es solo un hermoso buitre. Sin embargo, yo le he visto el más limpio vuelo sobre la cordillera. Me rompe la emoción al acordarme de que su gran parábola no tiene más causa que la carroña tendida * El Mercurio (Santiago), julio de 1925. en una quebrada. Las mujeres somos así, más rea- listas de lo que nos imaginan. El maestro de escuela explica a sus niños: «El cóndor significa el dominio de una raza fuerte; enseña el orgullo justo del fuerte. Su vuelo es una de las cosas más felices de la tierra». Tanto ha abusado la heráldica de las aves rapa- ces, hay tanta águila, tanto milano en divisas de guerra, que ya dice poco, a fuerza de repetición el pico ganchudo y la garra metálica. Me quedo con ese ciervo, que para ser más ori- ginal ni siquiera tiene la arboladura córnea; con el huemul no explicado por los pedagogos, y del que yo diría a los niños, más o menos: «El huemul es una bestezuela sensible y menuda; tiene parentesco con la gacela, lo cual es estar emparentado con lo perfecto. Su fuerza está en su agilidad. Lo defiende la finura de sus sentidos: el oído delicado, el ojo de agua atenta, el olfato agudo. Él, como los ciervos, se salva a menudo sin combate, con la inteligen- cia, que se le vuelve un poder inefable. Delgado y palpitante su hocico, la mirada verdosa, de reco- ger el bosque circundante; el cuello del dibujo más
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