La palabra maldita y otros escritos urgentes

62 63 Que pueda llegar a valerse por sí sola y deje de ser aquella criatura que agoniza y vive en la mise- ria si el padre, el esposo o el hijo no le amparan. ¡Más porvenir para la mujer, más ayuda! Búsquesele todos los medios para que pueda vivir sin mendigar la protección. Y habrá así menos degradadas. Y habrá así menos sombra en esa mitad de la humanidad. Y más dignidad en el hogar. La instrucción hace noble los espíritus bajos y les inculca sentimien- tos grandes. Hágasele amar la ciencia más que las joyas y las sedas. Que consagre a ella los mejores años de su vida. Que los libros científicos se coloquen en sus manos como se coloca el manual de piedad. Y se alzará con toda su altivez y su majestad, ella que se ha arrastrado desvalida y humillada. Que la gloria resplandezca en su frente y vibre su nombre en el mundo intelectual. Y no sea al lado del hombre ilustrado ese ser ignorante a quien fastidian las crónicas científicas y no comprende el encanto y la alteza que tiene esa diosa para las almas grandes. Que sea la Estela que sueña en su obra Flam- marion; compartiendo con el astrónomo la sole- dad excelsa de su vida; la Estela que no llora la pérdida de sus diamantes ni vive infeliz lejos de la adulación que forma el vicio deplorable de la mujer elegante. Honor a los representantes del pueblo que en sus programas de trabajo por él incluya la instruc- ción de la mujer; a ellos que se proponen luchar por su engrandecimiento, ¡éxito y victoria!

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