La palabra maldita y otros escritos urgentes

60 61 matrimonios modernos; o su virtud, con la venta indigna de su honra. Porque casi siempre la degradación de la mujer se debe a su desvalimiento. ¿Por qué esa idea torpe de ciertos padres, de apartar de las manos de sus hijos las obras cientí- ficas con el pretexto de que cambie su lectura los sentimientos religiosos del corazón? ¿Qué religión más digna que la que tiene el sabio? ¿Qué Dios más inmenso que aquel ante el cual se postra el astrónomo después de haber escudri- ñado los abismos de la altura? Yo pondría al alcance de la juventud toda la lectura de esos grandes soles de la ciencia, para que se abismara en el estudio de esa naturaleza de cuyo creador debe formarse una idea. Yo le mos- traría el cielo del astrónomo, no el del teólogo; le haría conocer ese espacio poblado de mundos, no poblado de centellos; le mostraría todos los secre- tos de esas alturas. Y, después que hubiera cono- cido todas las obras; y, después que supiera lo que es la Tierra en el espacio, que formara su religión de lo que le dictara su inteligencia, su razón y su alma. ¿Por qué asegurar que la mujer no necesita sino una instrucción elemental? En todas las edades del mundo en que la mujer ha sido la bestia de los bárbaros y la esclava de los civilizados, ¡cuánta inteligencia perdida en la oscu- ridad de su sexo!, ¡cuántos genios no habrán vivido en la esclavitud vil, inexplotados, ignorados! Instrúyase a la mujer; no hay nada en ella que le haga ser colocada en un lugar más bajo que el del hombre. Que lleve una dignidad más al corazón por la vida: la dignidad de la ilustración. Que algo más que la virtud le haga acreedora al respeto, a la admiración y al amor. Tendréis en el bello sexo instruido, menos mise- rables, menos fanáticas y menos mujeres nulas. Que con todo su poder, la ciencia que es sol, irradie en su cerebro. Que la ilustración le haga conocer la vileza de la mujer vendida, la mujer depravada. Y le forta- lezca para las luchas de la vida.

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=