La palabra maldita y otros escritos urgentes

52 53 tristeza. Echemos una mirada que abrace al mundo y quedaremos pensativos. Recordemos en este aniversario el ancho y noble bien logrado y hagamos con fervor el voto de que esta fecha será en el calendario de 1955 abso- lutamente gloriosa. Los elegidos que recibieron la chispa divina baja- ron a redimir no solo a sus multitudes. Ellos bajaron a salvar a todos los pueblos que vendrán después. Los presentes, que estábamos hartos de tan larga espera, los que no aceptamos seguir viviendo como entes privilegiados, continuaremos esta cam- paña. En ninguna página sagrada hay algo que se parezca al privilegio y aún menos a la discrimi- nación: dos cosas que rebajan y ofenden al hijo del hombre. Yo sería feliz si vuestro noble esfuerzo por obte- ner los derechos humanos fuese adoptado con toda lealtad por todas las naciones del mundo. Este triunfo será el mayor entre los alcanzados en nuestra época. L a p o b r e l i b e r ta d La libertad anda de capa caída en el corazón de nuestra gente. Todavía la usan, casada con la democracia, en los carteles; pero quien no se fíe a letreros de muros ni a títulos encopetados de los periódicos, sabe que la libertad ha pasado de la cifra número uno a la número dos y tal vez a la número tres. Lo que dicen los más, de pecho aden- tro, a lo largo del Pacífico, es primero: democra- cia. Segundo: economía. Y mejor que eso, primero: economía. Segundo: democracia. La Otra , queda para después. A uno he oído esta frase: «La libertad que se vaya al Diablo. Lo que importa es comer». Perico de los Palotes sabe lo mismo, y después de él lo sabemos todos y a nadie se le ocurre defen- der la democracia sin pan ni frejoles. Lo que no entendemos es que estos desesperados… o estos * Política y Espíritu (Santiago) n° 5, noviembre de 1945.

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