La palabra maldita y otros escritos urgentes

42 Pudieron, en vez de ceiba, plantar una caña —en tierra de caña—, símbolo más ceñido de la realidad. Así, los delegados mayores, los del Misi- sipi, se acordarían de que «casi es aire» de pura fina, esa armonía de las tres Américas desiguales: la América patrona, la América casi doméstica, que es la Central, y la América en tratamiento de domesticidad, que es la que sigue. Yo tengo muchos deseos de que la ceiba se les seque. ¿Por qué no ha de tener imperativo categó- rico también el pobre árbol bueno un poco madre de Maceo, el negro? Podría resultar ella con más vergüenza que un político, y secarse voluntaria- mente, parándose como el faquir la respiración y el suave pulso de la savia. Entonces podría lla- mársele con nombre tan largo como en las fábu- las: «La ceiba-decorosa como un hombre», «La ceiba-Martí» o «La ceiba-Maceo». No va a pasar eso. Ya es criatura fiscal, lo que vale decir bien nutrida, casi diplomática, y en las tempestades eléctricas de Cuba, cuando la isla se ve asaeteada desde el cielo como un san Sebastián maravilloso, para que no le vaya a caer un rayo,

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=