La palabra maldita y otros escritos urgentes

36 37 entre «derecho» y justicia, es decir, entre forma y espíritu, entre el hueso muerto y el tuétano vivo, entre papel sellado y honestidad. Le dije solo que, de creerle, sería verdad lo que se ha dicho por un español: que la traición es la mitad del tempera- mento mestizo, una especie de aliento nuestro que nos envenena y una aventura cotidiana en cuya trampa hemos de perecer. Es muy difícil, a esta distancia, formarse jui- cio cristiano de lo que allá ocurre. Pero aun igno- rando detalles y con un puñado de datos, las líneas grandes de la situación ya rojean y hasta llamean de verdad. Sandino carga sobre sus hombros vigorosos de hombre rústico, sobre su espalda viril de herrero o forjador, con la honra de todos nosotros. Gra- cias a él la derrota nicaragüense será un duelo y no una vergüenza; gracias a él, cuando la zancada de botas de siete leguas que es la norteamericana, vaya bajando hacia el sur, los del sur se acordarán de «los dos mil de Sandino» para hacer lo mismo. Gracias a él, los nicaragüenses que ayudan al esta- blecimiento del protectorado, ellos mismos, serán menos desdeñados que el protector que les conce- derá cierta honra porque son, al cabo, el hermano o el pariente de «aquel Sandino». Suelo arrebatado pulgada a pulgada, como es el de la zona rebelde, y no entregado como una pieza de lienzo, suelo mordido por la granada de los aeroplanos, por el precio infinito de la hazaña y que centuplica los fusiles y las máquinas inferna- les, cobra el valor de sus poblaciones como que se vuelve la carne viva de la historia. Echa este rec- tángulo de suelo un aroma de santidad que puri- fica el resto deshonrado y hace recordar y bajar la cara a los que malamente llegan a dominar seme- jante lote de gentes y de naturaleza. Ya se ve —¿por qué no decirlo, aunque los bur- lones se rían con su fácil sonrisa?—, ya se ve un culebreo de resplandor eléctrico sobre esas sierras que dan escondite al pobre y heroico Sandino, y se mira hacia esa uña geográfica de su quebrada con un angustioso amor que pide, día a día, mensajes para saber si el caudillo vive. El ángel de los oficios no le dio en vano el de herrero: iba a necesitar el hacha más ligera para

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