La palabra maldita y otros escritos urgentes

33 Otros desean que Sandino y su gente vayan semana a semana elevando el tono de su hazaña, para que los Estados Unidos, midiendo las difi- cultades de la dominación en un país pequeño, no emprendan la de los grandes. Tal pensamiento que he sorprendido en más de uno, me parece, por malicioso, un poco ruin. Los hispanizantes políticos, que ayudan a Nica- ragua desde su escritorio o desde un club de estu- diantes, harían cosa más honesta yendo a ayudar al hombre heroico, héroe legítimo, como tal vez no les toque ver otro, haciéndose sus soldados rasos. (Al cabo tiene Nicaragua dos fronteras no dema- siado pequeñas y que es posible burlar). Cuando menos, si a pesar de sus arrestos verbales, no quie- ren hacerle el préstamo de sí mismos, deberían hacer una colecta continental para dar testimonio visible de que les importa la suerte de ese pequeño ejército loco de voluntad de sacrificio. Nunca los dólares, los sucres y los bolívares suramericanos, que se gastan tan fluvialmente en sensualidades capitalinas, estarían mejor donados.

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