Las potencias vitales de las tierras fronterizas
57 estas situaciones, tanto la defensa tradicional del aura como la vía del desenmascaramiento y de la transgresión a ultranza no tienen nada que hacer; en efecto, el ‘paradigma contem- poráneo’ no niega el aura , pero la adultera a través de la valorización económica hiperbóli- ca de la firma de algunos artistas promovidos mediante estrategias que pertenecen al mer- cado de la información y no de arte; tampoco niega la transgresión, pero la hace ineficaz porque se apropia de la misma utilizándola en su propio beneficio (Perniola, 2002, p. 78). En cambio, el arte debe traducirse en un espacio de devolución de los tiempos perdidos, o bien, un espacio donde un sujeto cualquiera se re- encuentre con el tiempo perdido en los procesos de alienación del trabajo y el consumo. Así, el arte recreará nuevas ritualidades que abandonen rápi- damente las viejas costumbres bienalísticas, para dar paso a la creación de espacios dispuestos a tra- zar nuevas economías culturales. PSICOPOLÍTICA DEL ARTE Para comprender esta sistematización del arte, entendido como ‘sistema de competencia de egos’, es prioritario indagar en la psicopolítica que diagrama los afectos y sensaciones de quienes ha- bitan o frecuentan la esfera de la creación artística. ¿De qué hablamos cuando decimos ‘psicopolítica del arte? Las nuevas formas de dominación neo- liberal han logrado afectar las inmunologías sen- sibles del mundo del arte, creando circuitos de re- conocimientos y esquemas de rendimientos, hasta tal punto que ya no es viable hablar de mundo del arte, sino, en vez, de un sistema del arte. Podemos entender la neoliberalización del arte como una abstracción del momento creativo, donde la imagi- nación se disocia abruptamente de los placeres y se conjuga con la sistematización maquínica-moral de la deuda y la culpa. Esta sustitución o metamor- fosis del mundo del arte, se desarrolla gracias a una psicopolítica que logró instalarse en el corazón de los procesos creativos del arte: la industria del au- torrendimiento . El arte, hoy en día, puede conside- rarse un laboratorio experimental sensible de las formas de rendimiento de las sociedades hiperpro- ductivas, controlando las energías naturales de los seres hipersensibles. La necesidad de mantener a fote la imagen de un/a artista hiperproductivo/a se hace cada vez más patente entre los y las practi- cantes del arte, afectando cada vez más la ‘libertad soberana’ del sujeto-artista ( cf. Groys, 2014, p. 55). Por psicopolítica podríamos comprender, en resumen, “la nueva economía de la ira de nues- tro tiempo, esta economía de guerra del resenti- miento, en cuanto secreto psicopolítico del siglo XX” (Sloterdijk, 2010, p. 38). Así mismo, podemos ampliar esta defnición agregando que “el neolibe- ralismo, como una forma de mutación del capita- lismo, convierte al trabajador en un empresario . El neoliberalismo, y no la revolución comunista, eli- mina la clase trabajadora sometida a la explotación ajena. Hoy cada uno es un trabajador que se explo- ta a sí mismo en su propia empresa ” (Han, 2014, p. 17). ¿No se ha convertido, según en boca de todos, todo artista en un trabajador? Si llegásemos a ser afrmativos con esta inquietud, deberíamos estar hablando de una serie de prácticas de lo sensible que nada tienen que ver con el arte. No obstante, no podemos generalizar la premisa, sin antes evi- denciar la capacidad que tiene el neoliberalismo de establecer sus modos de dominación mediante la sistematización del arte. Por tanto, una psicopolíti- ca del arte consiste, básicamente, en la integración al mundo creativo y curativo de un germen, un vi- rus, aspiracional y estabilizador, donde la lógica de competencias es la que premedita las nuevas ac- ciones del arte. Esta psicopolítica del arte se traduce en un sistema de egos, cuya performatividad de la imagen publicitaria de sí es crucial para la efca- cia general de la obra de un artista. Este sistema de egos reproduce la lógica productivista, ya que
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