Un puñado de almendras

26 al presente e invita a comprender qué arco de la historia se tensa con las escenas que narra. La poesía ayuda al weychan. Por ahora la vamos levantando en la forma que podemos: en la que nos dejó nuestra historia. Mientras, los kuyfike che yem nos siguen juntando de un modo tan bello que es dado esperar que en un tiempo podamos ser más quienes escribamos poesía mapuche en mapudungun. No para satisfacer las preocupaciones de los campos literarios ni para calmar la ansiedad esencialista y acusatoria que tanto nos duele. Sí para recuperar ese modo antiguo que nos va a permitir la reciprocidad con las fuerzas, esas que nos siguen mirando y nos van acompañando para que el futuro sea. Meli Hacer poesía con la lengua rota, desde la dignidad de lo impuro y por lo vulnerado. Hacer poesía a partir del daño, de lo que se ha quebrado, de lo que fue partido. Cuando los estados nacionales partieron Wallmapu en dos, quedamos en un mapa roto. Agobiados en el desconcierto por no manejar los lenguajes del colono, pero con la certeza de que ese desgarro nos iba a volver a juntar con lo(s) nuestro(s) en otro momento.

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