Un puñado de almendras

25 ponde. Ese trabajo se está levantando en Puelmapu. Ese compromiso vale para la poesía también. La poesía, ese ritual de la lengua que en lo pequeños que somos nos toca. Porque en la conciencia permanente de esa falta también escribimos. La poesía se teje en la trama inquieta que construye la memoria. Ahí está su vertiente y también su cauce. Se mueve siempre, la memoria, en formas que no son lineales. Va para poder volver, viene para salpicar lo olvidado. No es desorden, sino otro orden del relato: memoria-txayenko, menuco memoria. Pero siempre es agua que se mueve. Si el agua está enferma no sirve. La memoria es agua. Escribí estas palabras mientras las fuerzas represi- vas del Estado estaban apostadas en un territorio recu- perado. Disparaban sus balas de plomo y prohibieron el ingreso de alimentos y de abrigo. Tuvieron, literalmen- te, a nuestra gente cercada. Cerraron un espacio y aquel que se moviera sería disparado. ¿Cuál es la definición más precisa para «campo de exterminio»? La poesía trabaja también sobre esto. Pone en ejer- cicio la operación crítica de contrastar el espíritu de las leyes con el día a día. Por ejemplo, la Constitución Nacional Argentina y esa parte que promete resguardo a quienes tiene hoy prisioneros. Todo suma. Estoy en- ferma posesa por el wekvfe de la escritura , decía la machi Pinda. La poesía mapuche en español suma su palabra

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